Los hechos no cuadran. Primero eran 17 ovejas, luego 35, pero ¿dónde están las pruebas? Lo más sorprendente: no hay denuncia formal, un detalle que desmonta cualquier afirmación contundente. Además, no se descarta que los ataques hayan sido perpetrados por perros asilvestrados, una hipótesis plausible que los “medios de desinformación” ignoran deliberadamente.
Las ovejas, abandonadas en campo abierto y sin medidas de protección, son el verdadero indicador de la dejadez de algunos ganaderos. La falta de vallas electrificadas, mastines u otras estrategias efectivas no solo pone en riesgo al ganado, sino que también alimenta la narrativa antilobo, convirtiéndolo en un chivo expiatorio.
La asociación LOBO MARLEY han denunciado esta campaña de desinformación. «El lobo es un símbolo de nuestro patrimonio natural y juega un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas. La persecución del lobo no es más que el reflejo de intereses políticos y económicos que sacrifican la biodiversidad en favor de un modelo ganadero obsoleto y poco sostenible».
Es hora de dejar de culpar al lobo y empezar a exigir responsabilidad y medidas efectivas:
Promoción de la convivencia entre el lobo y la ganadería, invirtiendo en medidas de prevención y compensación.
Educación y sensibilización para desmitificar la figura del lobo como enemigo.
Protección estricta de una especie clave en el equilibrio natural.
No permitamos que intereses oscuros acaben con el lobo en nuestras montañas. Su futuro está en nuestras manos. Si permitimos que el miedo y la mentira dicten las políticas, perderemos no solo al lobo, sino una parte esencial de nuestra riqueza natural.
El lobo no es el problema. El problema es la negligencia y la manipulación.
