Hay algo especialmente llamativo en la historia reciente del lobo en el extremo oriental de su área de distribución ibérica: llega, aparece, deja rastros, provoca algún conflicto puntual y después desaparece.
En Euskadi sabemos que el lobo lleva décadas intentando establecerse. En Navarra, los episodios son todavía más esporádicos, pero en los últimos años se han producido acontecimientos que demuestran que la especie continúa intentando penetrar en el territorio. En noviembre de 2024, un ataque a un rebaño en las Bardenas Reales fue considerado por los técnicos navarros como compatible, y finalmente como muy probablemente atribuible, a un lobo. Apenas unos meses después, otro ejemplar fue detectado en el extremo norte de Navarra, en conexión con la presencia confirmada de un lobo solitario al otro lado de la frontera francesa.
Y, sin embargo, después de cada episodio vuelve el silencio.
Mientras tanto, en Asturias se prepara la «extracción» de hasta 67 lobos sobre una población estimada de 412 ejemplares y 50 manadas, 46 de ellas reproductoras (siempre según los datos de la propia administración del Principado, al objeto de justificar la matanza). El contraste es enorme: allí se discute públicamente cuántos lobos existen y cuántos se pretenden eliminar; aquí, donde la especie apenas consigue asentarse, resulta mucho más difícil saber siquiera cuántos lobos entran, cuánto tiempo permanecen y, sobre todo, qué les ocurre después.
Aquí, donde la especie apenas consigue asentarse, resulta mucho más difícil saber siquiera cuántos lobos entran, cuánto tiempo permanecen y, sobre todo, qué les ocurre después.
La pregunta que planteamos en este artículo no es, por tanto, si podemos demostrar que existe actualmente una campaña clandestina de exterminio. No disponemos de pruebas suficientes para afirmarlo. La pregunta es otra, y creemos que es mucho más importante: ¿hasta qué punto conocemos realmente la mortalidad del lobo en Euskadi y Navarra?
Euskadi: un territorio que el lobo intenta ocupar desde hace décadas
El caso de Euskadi resulta especialmente revelador porque no estamos ante una aparición ocasional de la especie. El lobo lleva presente de forma intermitente en el occidente vasco desde hace décadas y, pese a ello, la población nunca ha alcanzado la estabilidad que cabría esperar en un territorio conectado con núcleos reproductores importantes de Castilla y León y Cantabria.
El diagnóstico elaborado por el propio Gobierno Vasco para su Plan de Gestión del Lobo reconoce que en el censo completo realizado en 2019-2020 no se constató ningún grupo reproductor en la Comunidad Autónoma Vasca. Sin embargo, los seguimientos posteriores realizados durante los inviernos de 2022-2023 y 2023-2024 apuntaron a la posible existencia de dos manadas campeando en territorio vasco. La propia documentación oficial analiza las condiciones de hábitat, la disponibilidad de alimento y las amenazas que afectan a la especie y contiene una afirmación particularmente relevante: las capturas ilegales son señaladas como una de las amenazas que más preocupan actualmente.
Esta circunstancia obliga a mirar el problema desde otra perspectiva. La pregunta no debería ser solamente por qué aparecen lobos en Euskadi, sino por qué una especie que tiene capacidad para llegar al territorio y permanecer en él encuentra tantas dificultades para convertir esas apariciones en una población estable.
No estamos hablando de un territorio aislado. Euskadi forma parte de un continuo geográfico por el que los lobos pueden desplazarse entre Castilla y León, Cantabria, Álava y Bizkaia. La existencia de poblaciones próximas hace posible la llegada periódica de ejemplares jóvenes que abandonan sus manadas en busca de nuevos territorios. Precisamente por ello, cuando una población no termina de consolidarse durante décadas, la mortalidad adquiere una importancia fundamental.
Euskadi forma parte de un continuo geográfico por el que los lobos pueden desplazarse entre Castilla y León, Cantabria, Álava y Bizkaia
Un lobo que muere por causas naturales forma parte de la dinámica de la especie. Un lobo atropellado también puede ser registrado y analizado. Pero un animal abatido ilegalmente en el monte, envenenado o víctima de cualquier otro método clandestino puede desaparecer sin dejar prácticamente rastro. Y cuando hablamos de poblaciones pequeñas, la desaparición de unos pocos ejemplares puede tener una importancia desproporcionada.
Karrantza y Armañón: cuando la desaparición del lobo deja preguntas
Karrantza constituye probablemente el mejor ejemplo de esta situación. La zona occidental de Bizkaia y su conexión con Cantabria han sido durante años uno de los principales puntos de entrada y presencia del lobo en Euskadi. Nuestra propia publicación sobre el caso de Karrantza ya analizaba cómo una especie que intenta recolonizar el territorio se encuentra allí con un escenario particularmente conflictivo.
En enero de 2026 se volvieron a documentar ataques en el Valle de Carranza, confirmando que la presencia del lobo seguía teniendo consecuencias sobre la ganadería local. Es importante señalarlo porque desmonta una impresión que puede haberse extendido durante los últimos meses: el conflicto no ha desaparecido; simplemente ha dejado de ocupar la primera línea de la actualidad informativa.
Y hay otro episodio que no debería olvidarse. En 2025 se denunció ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Bizkaia el supuesto abatimiento ilegal de un lobo en el entorno del Parque Natural de Armañón. La denuncia no permite afirmar que ese animal fuese efectivamente abatido ilegalmente ni, mucho menos, atribuir responsabilidades a personas concretas. Pero sí resulta significativo que el episodio se produjera precisamente en una zona de presencia conocida del lobo y en una comunidad cuya propia documentación administrativa identifica las capturas ilegales como una amenaza relevante.
El asunto merece algo más que un titular pasajero. Si un ejemplar desaparece de una zona donde estaba siendo seguido, ¿se sabe por qué? Si existe sospecha de furtivismo, ¿se investiga hasta el final? Si no aparece el cadáver, ¿queda el episodio simplemente fuera de cualquier estadística?
La conservación de una población pequeña exige precisamente responder a esas preguntas.
Navarra: el lobo que apareció en las Bardenas
Si el caso de Euskadi resulta preocupante por la dificultad de consolidar una población, el navarro es todavía más interesante desde el punto de vista de la recolonización.
El 14 de noviembre de 2024 se produjo un ataque sobre un rebaño en las Bardenas Reales, en el paraje de las Caídas de La Negra. Inicialmente se informó de diez ovejas y cuatro cabras muertas y se habló de un «gran carnívoro» todavía sin identificar. El ganadero explicó posteriormente que los técnicos de Medio Ambiente habían instalado cámaras y que las imágenes apuntaban a un lobo, aunque se pretendía confirmar la identificación mediante análisis genéticos.
La cuestión genética no llegó a proporcionar una confirmación concluyente. Sin embargo, el episodio fue estudiado posteriormente por el Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente y presentado ante el Parlamento de Navarra. En esa comparecencia se explicó que, atendiendo al conjunto de indicios y evidencias, los técnicos consideraban más razonable la autoría de un lobo que la de un perro doméstico o asilvestrado, aunque el análisis genético no hubiese sido concluyente. El propio Gobierno decidió indemnizar al ganadero como si el ataque hubiera sido causado por un lobo.
Los técnicos consideraban más razonable la autoría de un lobo que la de un perro doméstico o asilvestrado, aunque el análisis genético no hubiese sido concluyente
Además, la documentación parlamentaria aporta un dato que resulta fundamental para este artículo: el 15 de noviembre se observó al animal mediante esperas y cámaras, y el día 16 volvió a ser observado, dirigiéndose en dirección a Aragón. Después se realizaron seis esperas adicionales hasta el 12 de diciembre sin volver a localizarlo. La conclusión del Gobierno navarro fue que se trataba de un ejemplar aislado, no asentado en el territorio y que habría abandonado Navarra.
Es decir, tenemos un caso perfectamente documentado de un lobo que entra en Navarra, provoca —según la valoración técnica oficial— un ataque, es localizado posteriormente y después desaparece.
No sabemos que fuese eliminado, pero tampoco sabemos qué fue de él. Y esa diferencia es importante.
Un año después, otro lobo en la frontera
El episodio de las Bardenas no fue el único indicio reciente de que los lobos continúan intentando penetrar en Navarra.
En febrero de 2025 las autoridades francesas confirmaron que el animal observado en el macizo de Larrun, al otro lado de la frontera, era un lobo solitario. Poco después, una cámara instalada por cazadores en las proximidades de Bera captó un ejemplar a unos dos kilómetros del núcleo urbano. Las fechas y la proximidad geográfica hicieron plausible que pudiera tratarse del mismo animal.
El Gobierno de Navarra anunció entonces un plan de vigilancia específico para la zona fronteriza. La propia documentación parlamentaria posterior recoge que no existe constancia de una presencia permanente o habitual del lobo en Navarra, aunque sí se da por positivo el ataque de Bardenas y se considera probable que aquel ejemplar procediera de Aragón y regresara posteriormente a esa comunidad.
De nuevo, el patrón es llamativo: un lobo llega, es detectado y desaparece.
No podemos convertir esa secuencia en una acusación de furtivismo. Sería científicamente incorrecto. Los lobos son animales de enorme movilidad y los ejemplares jóvenes pueden recorrer grandes distancias. Que un animal deje de ser detectado no significa que haya muerto.
Pero sí podemos señalar algo mucho más elemental: la ausencia de nuevas detecciones tampoco demuestra que haya abandonado el territorio por voluntad propia.
Para saberlo necesitamos seguimiento.
¿Y qué ocurre con los lobos que no vemos?
Este es, probablemente, el núcleo de la cuestión.
La mortalidad de una población no puede calcularse únicamente contando los cadáveres encontrados. En una especie difícil de detectar, territorial y con grandes áreas de campeo, una parte de las muertes puede pasar inadvertida. Esto resulta especialmente importante cuando hablamos de animales dispersantes, precisamente aquellos que están intentando colonizar nuevos territorios.
Un joven procedente de una manada cántabra puede entrar en Bizkaia. Otro puede avanzar hacia Álava. Otro puede atravesar Navarra desde Aragón. Otro puede llegar desde Francia. Algunos se establecerán; otros regresarán; otros morirán por causas naturales o accidentales. Y algunos podrían ser víctimas de persecución.
La cuestión es que las diferentes posibilidades producen exactamente el mismo resultado desde el punto de vista de una estadística incompleta: el lobo deja de aparecer.
Por eso resulta fundamental que las administraciones mantengan programas de seguimiento capaces de distinguir entre dispersión, mortalidad natural, atropellos, enfermedad, persecución y otras causas. Cuando la información no permite distinguirlas, la desaparición de ejemplares se convierte en una especie de agujero negro estadístico.
Cuando la información no permite distinguirlas, la desaparición de ejemplares se convierte en una especie de agujero negro estadístico
Y ese problema no es exclusivo de Navarra o Euskadi. Un estudio sobre mortalidad de lobos en Europa citado en trabajos recientes de conservación ha señalado la enorme importancia de las causas humanas en la mortalidad de la especie. Pero cuanto menor es una población local, mayor es la necesidad de conocer específicamente qué ocurre con sus ejemplares y no limitarse a extrapolar datos generales.
El silencio no demuestra el furtivismo, pero tampoco lo descarta
Aquí conviene detenerse porque es fácil caer en una conclusión demasiado rápida.
Que en Euskadi y Navarra haya pocos lobos y que algunos desaparezcan después de ser detectados no demuestra que estén siendo eliminados ilegalmente. Una afirmación de ese tipo requeriría pruebas concretas: cadáveres, necropsias, munición, tóxicos, investigaciones policiales, testimonios contrastados o procedimientos judiciales.
Pero tampoco sería razonable utilizar la ausencia de pruebas como prueba de que no existe ningún problema.
El furtivismo tiene precisamente la particularidad de ser una actividad clandestina. Si el animal no aparece muerto, la evidencia desaparece con él. Por eso las administraciones tienen una responsabilidad especial: deben disponer de mecanismos de vigilancia suficientemente eficaces para detectar esas situaciones.
El furtivismo tiene precisamente la particularidad de ser una actividad clandestina
Y en Euskadi existe además un antecedente histórico que no puede ignorarse. La documentación oficial ha recogido decenas de lobos muertos durante periodos anteriores y ha identificado expresamente el furtivismo como una amenaza. Por tanto, no estamos inventando un problema hipotético: la persecución ilegal del lobo forma parte de la historia documentada de la especie en la Comunidad Autónoma del País Vasco.
La cuestión que corresponde plantear ahora es si esa amenaza ha desaparecido realmente o si simplemente resulta mucho más difícil de observar.
Dos modelos completamente diferentes frente al mismo animal
La comparación con Asturias ayuda a comprender la dimensión del problema.
Asturias acaba de anunciar un programa que permitirá «extraer» (matar) hasta 67 lobos hasta finales de 2027. El programa se aplica sobre una población que estima las cifras que apuntábamos antes. El Gobierno asturiano vincula la medida a los daños ganaderos registrados en 2025, que afectaron a 3.893 cabezas de ganado y generaron indemnizaciones de alrededor de 1,9 millones de euros.
Podemos estar radicalmente en contra de ese modelo de «gestión» y considerar que la «extracción» letal no es una solución adecuada. Pero hay algo que debemos reconocer: Asturias tiene un conocimiento mucho más desarrollado de su población de lobos, con censos, seguimiento anual, delimitación de manadas, áreas de gestión y una discusión pública constante, siempre atendiendo a los datos que proporciona la propia administración y que estos últimos días están en entredicho tras las declaraciones de Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente.
En Euskadi y Navarra ocurre algo distinto porque estamos ante poblaciones mucho más pequeñas y discontinuas. Precisamente por eso cada ejemplar adquiere una importancia mayor y la información sobre su destino debería ser, si cabe, todavía más rigurosa.
No deja de resultar paradójico que una comunidad que posee cientos de lobos pueda saber con bastante precisión cuántas manadas tiene, mientras que en territorios donde la especie lucha por establecerse resulte tan difícil seguir el rastro de un ejemplar concreto después de que haya sido localizado.
La verdadera pregunta no es por qué no hay lobos: es por qué no consiguen quedarse
Durante décadas se ha repetido que el lobo no está presente en Euskadi y Navarra porque estos territorios no forman parte actualmente de su área estable de distribución. Pero eso invierte la relación causa-efecto. El hecho de que una especie no consiga establecerse no explica necesariamente por qué no puede hacerlo.
El lobo ha demostrado sobradamente su capacidad para recorrer grandes distancias y colonizar territorios nuevos. La recuperación de la especie en diferentes zonas de España y Europa se ha producido precisamente mediante la dispersión natural de ejemplares jóvenes. Cataluña constituye un ejemplo reciente: en 2025 se confirmó la primera manada en más de un siglo, formada por dos adultos y tres cachorros en el área de la Alta Garrotxa y el Alt Empordà.
La recolonización natural, por tanto, no es una posibilidad teórica, está ocurriendo. Y está ocurriendo incluso en territorios donde el lobo había desaparecido durante muchas décadas.
Por eso Euskadi y Navarra constituyen un interrogante tan interesante. No se trata de territorios separados de las poblaciones existentes por una barrera geográfica infranqueable. Son zonas situadas entre núcleos de presencia conocidos y conectadas con ellos. Si los lobos llegan pero no consiguen establecerse, debemos estudiar todas las causas posibles: disponibilidad de presas, fragmentación del territorio, infraestructuras, mortalidad accidental, conflictos con la ganadería y, naturalmente, persecución. Ninguna de ellas debería descartarse sin datos.
Por eso Euskadi y Navarra constituyen un interrogante tan interesante. No se trata de territorios separados de las poblaciones existentes por una barrera geográfica infranqueable
Bardenas, Karrantza y Larrun forman parte de la misma historia
A primera vista, los tres episodios parecen completamente diferentes.
En Karrantza encontramos una zona de presencia recurrente y conflictos ganaderos periódicos. En Bardenas aparece un ejemplar que, según la valoración técnica del Gobierno navarro, probablemente fue responsable de un ataque y posteriormente regresó hacia Aragón. En Larrun y Bera encontramos otro lobo desplazándose por el extremo norte de Navarra y conectado con la población francesa.
Pero vistos en conjunto cuentan una historia diferente: el lobo está intentando moverse por este territorio.
No sabemos todavía si acabará estableciéndose en Navarra. Tampoco sabemos si Euskadi conseguirá consolidar una población reproductora estable. Lo que sí sabemos es que la especie sigue llegando, utilizando los corredores existentes y explorando territorios que históricamente formaron parte de su área de distribución.
Y aquí aparece la cuestión fundamental: qué condiciones encuentra cuando llega. Un territorio puede ser aparentemente adecuado desde el punto de vista ecológico y, sin embargo, convertirse en un territorio imposible para el lobo si la mortalidad humana supera su capacidad de reemplazo.
¿Estamos ante un «sumidero»?
En ecología existe el concepto de población sumidero para describir situaciones en las que un territorio recibe individuos procedentes de otras zonas pero no consigue mantener una población autosuficiente porque la mortalidad supera la capacidad de reproducción. No estamos afirmando que Euskadi sea necesariamente un sumidero de lobos en sentido científico. Para demostrarlo harían falta estudios demográficos específicos que cuantificasen entradas, salidas, reproducción y mortalidad.
Pero la hipótesis merece ser investigada.
Porque el patrón observado encaja, al menos como pregunta de partida, con ese escenario: los lobos llegan desde poblaciones vecinas, algunos permanecen durante un tiempo, aparecen ocasionalmente indicios de reproducción o de presencia de grupos, y posteriormente esos animales dejan de detectarse sin que siempre conozcamos con precisión la causa.
Nuestra anterior investigación sobre Karrantza utilizaba precisamente el concepto de Euskadi como posible «sumidero de lobos» para analizar esta paradoja. Ahora disponemos de nuevos episodios que permiten volver a plantear la cuestión desde una perspectiva más amplia, incorporando también Navarra.
Lo que deberían hacer las administraciones
Si realmente queremos conocer qué está ocurriendo, la solución no consiste en especular sobre conspiraciones ni en aceptar sin más que todos los lobos que desaparecen simplemente se han marchado. La solución es mucho más sencilla y, además, perfectamente posible.
Euskadi y Navarra deberían publicar de manera periódica los datos de seguimiento de la especie, incluyendo las detecciones confirmadas, individuos identificados cuando sea posible, reproducción, movimientos, ejemplares encontrados muertos y causa determinada de la muerte. Cuando existan sospechas de furtivismo deberían hacerse públicas las investigaciones abiertas y su resultado final, preservando naturalmente los datos que puedan comprometer investigaciones judiciales.
Cuando existan sospechas de furtivismo deberían hacerse públicas las investigaciones abiertas y su resultado final, preservando naturalmente los datos que puedan comprometer investigaciones judiciales
También sería importante conocer qué ocurre con los animales dispersantes. Un lobo localizado en Navarra no debería convertirse en una noticia aislada que desaparece de los registros públicos unas semanas después. Debería existir un seguimiento que permita saber, en la medida de lo posible, si el animal continúa en el territorio, lo abandona, cruza a otra comunidad o muere. Y cuando un animal desaparece del seguimiento, la desaparición debería ser un dato, no un vacío.
Mientras Asturias cuenta los lobos que va a «extraer», Euskadi y Navarra deberían contar los que pierden
El nuevo programa asturiano puede generar un intenso debate sobre si es correcto extraer lobos, sobre si los cupos son compatibles con la conservación y sobre si existen alternativas eficaces para reducir los daños, a pesar de que diferentes estudios científicos afirmen lo contrario.
Pero existe otro debate mucho menos visible. ¿Qué sucede en aquellos lugares donde el lobo no llega a ser suficientemente abundante como para que nadie tenga que plantearse cuántos ejemplares se pueden extraer? ¿Qué ocurre con las poblaciones que todavía están intentando recuperar territorios históricos? ¿Qué sucede cuando un lobo atraviesa una frontera y deja de aparecer?¿Y qué ocurre cuando una posible manada aparece durante un periodo y posteriormente desaparece?
En Euskadi y Navarra no parece existir actualmente un problema de «exceso de lobos» (sería un sarcasmo afirmar eso). Más bien sucede lo contrario: la especie continúa teniendo enormes dificultades para consolidarse. Por eso resulta legítimo exigir que se conozca su mortalidad con la misma atención con la que se contabilizan sus ataques al ganado.
Porque si queremos saber por qué el lobo no consigue recuperar territorios de los que fue exterminado durante décadas de persecución humana, necesitamos conocer todas las causas que están actuando hoy.
Porque si queremos saber por qué el lobo no consigue recuperar territorios de los que fue exterminado durante décadas de persecución humana, necesitamos conocer todas las causas que están actuando hoy
También las que resultan incómodas. Y entre ellas está la persecución ilegal. No podemos afirmar que sea la explicación de todo. Pero tampoco podemos permitirnos el lujo de no investigarla.
El lobo ya está haciendo su parte: dispersándose, cruzando fronteras y tratando de recuperar espacios que históricamente fueron suyos. Ahora corresponde a las administraciones demostrar que esos territorios no son simplemente lugares por los que el lobo puede pasar, sino lugares en los que también puede sobrevivir.
Referencias
- Gobierno Vasco — Plan de Gestión del Lobo (Canis lupus) en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Documento fundamental para conocer la situación de la especie, su distribución, seguimiento, amenazas y problemática de las capturas ilegales.
Plan de Gestión del Lobo — Gobierno Vasco - Iniciativa Popular por el LOBO — «Euskadi, sumidero de lobos: el caso Karrantza y la hipocresía rural vasca». Análisis previo sobre la situación del lobo en el occidente vasco y, especialmente, en Karrantza.
Euskadi, sumidero de lobos - Orain / EITB — «Aumentan los ataques de lobo en el Valle de Carranza». Información sobre los ataques registrados en Karrantza a comienzos de 2026.
Aumentan los ataques de lobo en el Valle de Carranza - Diario de Navarra — «Un gran carnívoro mata 10 ovejas y 4 cabras en Bardenas». Información inicial sobre el ataque del 14 de noviembre de 2024 y las investigaciones realizadas por Medio Ambiente.
Ataque en Bardenas — Diario de Navarra - Diario de Navarra — «Ganadero dueño de las ovejas: Medio Ambiente nos ha dicho que las imágenes confirman que es un lobo». Testimonio del ganadero afectado y descripción de las imágenes obtenidas mediante cámaras.
Testimonio sobre el ataque de Bardenas - Parlamento de Navarra — Diario de Sesiones de la Comisión de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, 17 de diciembre de 2024. Documento especialmente relevante: recoge la explicación del Gobierno sobre el seguimiento del animal después del ataque y la conclusión de que los indicios apuntaban a un lobo aislado.
Diario de Sesiones del Parlamento de Navarra — 17/12/2024 - Gobierno Abierto de Navarra — Acta del Consejo Agrario de Navarra, 11 de diciembre de 2024. Recoge que los análisis genéticos no eran concluyentes y que, pese a ello, el ataque sería indemnizado como daño de lobo atendiendo al conjunto de indicios.
Acta del Consejo Agrario de Navarra - Diario de Navarra — «Aierdi: El lobo, pese a un posible ataque aislado en las Bardenas, sigue extinto en Navarra». Información sobre la comparecencia del consejero y la interpretación oficial del episodio de Bardenas.
El lobo en Bardenas — Diario de Navarra - Parlamento de Navarra — Boletín Oficial, 28 de agosto de 2025. Recoge la situación oficial de la especie en Navarra, incluyendo la consideración del ataque de Bardenas como positivo y atribuible probablemente a un ejemplar divagante procedente de Aragón.
Boletín Oficial del Parlamento de Navarra — 28/08/2025 - Gobierno de Navarra — Confirmación del lobo observado en el macizo de Ascain. Comunicado oficial sobre la identificación del ejemplar observado al otro lado de la frontera como un lobo solitario.
Gobierno de Navarra — Lobo en Ascain - Diario de Navarra — «Una cámara de cazadores capta a un lobo a dos kilómetros del pueblo de Bera». Información sobre el ejemplar detectado en Bera en febrero de 2025.
Lobo detectado en Bera — Diario de Navarra - Diario de Navarra — «Medio Ambiente diseña un plan de vigilancia del lobo en la frontera». Información sobre las medidas adoptadas por Navarra tras las detecciones en la frontera.
Plan de vigilancia del lobo en la frontera - eldiario.es Euskadi — Denuncia ante la Fiscalía por la presunta caza furtiva de un lobo en Bizkaia. Información sobre el episodio de Armañón y los antecedentes de mortalidad por furtivismo.
Presunta caza furtiva de un lobo en Bizkaia - Gobierno del Principado de Asturias — Programa de control del lobo 2026-2027. Fuente oficial para los datos de población, manadas, daños ganaderos y máximo de 67 extracciones autorizadas.
Programa de control del lobo — Gobierno de Asturias - Gobierno del Principado de Asturias — Inicio del programa de control en septiembre de 2026. Información actualizada sobre la puesta en marcha del programa.
Inicio del programa de control del lobo — Gobierno de Asturias - Público — «El retorno del lobo a Catalunya aviva el choque entre ecologistas y ganaderos». Información sobre la confirmación de la primera manada catalana en más de un siglo y el proceso de recolonización natural desde Francia.
El retorno del lobo a Catalunya — Público - Iniciativa Popular por el LOBO — «La frontera infranqueable del lobo». Análisis sobre las dificultades históricas de la especie para recuperar Euskadi, Navarra y los territorios pirenaicos.
La frontera infranqueable del lobo
