EL LOBO ES UN DEPREDADOR APICAL Y UNA ESPECIE CLAVE EN LOS ECOSISTEMAS de los que forma parte y en los que permite que funcionen de una manera determinada. Si desapareciese el lobo de los ecosistemas, con seguridad «las poblaciones de ungulados crecerían de forma desproporcionada, aumentando con creces la presión sobre la vegetación». Cambiaría la dinámica del bosque, afectando a la captura de dióxido de carbono (CO2), la producción de oxígeno (O2) y la retención de agua, pudiendo provocar, por ejemplo, la desertización de un territorio. Como todos los elementos de un hábitat están interconectados, «si acabamos con especies esenciales como el lobo, el ecosistema pierde fuerza y equilibrio: cambia a otro estado que es más inestable hasta que vuelve a funcionar de otra manera, pero estas consecuencias son impredecibles y, con mucha probabilidad, malas para la salud humana”.
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