Cuenta una leyenda que en un país lejano, en un mundo paralelo a este, estaba un lobo triste y solitario sentado a la sombra de un árbol, mirando a lo lejos, oteando el horizonte.
Estaba totalmente ensimismado cuando de repente pasó a su lado, con un paso lento y pesaroso, con la cabeza agachada y mirando al suelo, un gran oso que ni siquiera se dio cuenta de la presencia del lobo.
Este soltó un pequeño aullido que hizo que el oso, contrariado, levantase su cabeza y dirigiese su mirada hacia el tranquilo lobo.
Se saludaron solo con la mirada y el lobo le dijo «que conocía esa mirada, que sabía que escondía porque el llevaba cientos de años sintiendo lo mismo que él ahora».
«Es la mirada», le dijo, «de quien se sabe odiado y perseguido. Hace tiempo que te lo venía diciendo, algún día el humano te verá como a mí, como algo que sobra y molesta. Te lo dije, le repetía, y no me creías».
El oso se puso de pie y apesadumbrado le dijo que «como iba a creerte, como pensar que el que tanto me quería, el que sacó beneficio con mi presencia, ahora me llegue a odiar».
«Así es el humano, todo aquello que le causa molestias…le sobra, yo lo sé de hace tiempo y ahora lo vives en tu piel» le replicó el lobo.
El oso recuperó su posición y se acercó al lobo para sentarse junto a él. Ambos se quedaron mirando, tristes los dos, a algún punto imaginario que ninguno de los dos podía ver.
De repente se fue acercando un viejo conocido, el lince que caminaba altivo y sin ni siquiera detenerse pasó de largo.
Lobo y oso se miraron y el primero le dijo…»míralo, me da pena, pronto él se sentirá como nosotros, perseguido y odiado y vendrá a sentarse, triste, a nuestro lado…es nuestro sino».
No es una leyenda. Es la cruda realidad.
El lobo ha sido, es y creo que seguirá siendo uno de los animales más odiados y perseguidos por el ser humano. Ignoro la razón. Hay demasiadas y al mismo tiempo todas son igual de inexistentes e irracionales.
El oso tuvo su buena época, al menos aquí en Asturias. Dio y da mucho dinero como atractivo turístico a buena parte de Asturias con una senda que incluso lleva su nombre, pero desde hace unos años los de siempre le tienen entre ceja y ceja, aunque su rechazo no es ni de lejos el que sufre nuestro querido lobo.
¿El lince? Ahora tiene buena prensa, incluso algunas provincias se unen al reparto del felino, aún no es tan rechazado. No tardará demasiado en sufrir las penurias que en mayor o menor medida sufren sus hermanos mayores.
Y por supuesto, de manera callada pero igual de efectiva, otros de nuestros animales salvajes sufren ese odio sin sentido de quien dice ser la especie inteligente. Zorros, urracas, meloncillos, serpientes o culebras y un largo etcétera sufren, de manera más silenciosa pero igual de canalla, esa aversión por parte del ser humano.
