“O se toman medidas o se terminará el queso”, declaraba recientemente la matriarca de los productores, la presidenta del Consejo Regulador de la DOP Gamonéu Graciela Valle Fernández, en una entrevista publicada en La Nueva España. Una vez más, el lobo vuelve a ser señalado como el gran enemigo de la producción quesera en los Picos de Europa, y se reaviva el eterno discurso de que la ganadería extensiva tradicional es “incompatible” con su presencia.
Sin embargo, un vistazo a los datos oficiales —aportados por los propios productores y medios especializados— desmiente con contundencia esta narrativa.
Más producción, más valor, menos excusas
En 2024, según informó El Fielato, la producción de queso Gamonéu alcanzó 181.400 kilos, lo que supone un incremento respecto al año anterior. No solo eso: el número de productores se ha mantenido estable y no muestra indicios de abandono o retroceso grave en el sector.
Y por si fuera poco, el precio de este queso no para de subir: sirva de ejemplo uno de los quesos vendidos en la «tradicional» subasta que se realiza en el «día grande del Gamonéu» que alcanzó, este año, los 8.800 euros, convirtiéndose en el queso más caro del mundo, lo que refleja el buen momento que atraviesa este producto. Un producto premium, con alta demanda y reputación internacional. ¿Dónde está entonces esa supuesta “inviabilidad” a causa del lobo?
El discurso del miedo: años repitiendo lo mismo, sin que los datos lo avalen
Este relato apocalíptico no es nuevo. Ya en 2012 se decía lo mismo: que el lobo ponía en jaque la supervivencia del queso Cabrales o Gamonéu. Trece años después, no solo se siguen elaborando, sino que se producen más y mejor, se venden antes de salir de las cuevas y se subastan a precios récord.
A pesar de todo ello, desde ciertas denominaciones de origen se insiste en un discurso alarmista, con una propuesta cada vez menos disimulada: erradicar al lobo del Parque Nacional de los Picos de Europa. No “gestionar” su población. No “compatibilizar” usos. Eliminarlo.
Contra el lobo, sí. Contra el abandono rural, silencio
Lo más grave de este discurso no es solo su falta de base. Es que tapa las verdaderas causas del declive rural y ganadero, que poco tienen que ver con la fauna salvaje. Por ejemplo, en Cantabria han desaparecido más de 400 explotaciones de vacuno de leche en solo seis años, como denuncia este reportaje de eldiario.es. La crisis de precios, la falta de relevo generacional, las condiciones laborales precarias o las políticas agrarias son algunos de los factores reales.
Pero es más fácil y rentable culpar al lobo, exigir más ayudas, subvenciones y “medidas de control” (léase, disparos) contra una especie protegida que realmente convive con esta actividad desde hace siglos.
¿Tradición o exterminio encubierto?
Lo que está en juego no es solo la presencia del lobo. Es el modelo de convivencia en los espacios naturales protegidos. Si los mismos sectores que se benefician del prestigio de producir en un Parque Nacional exigen a la vez el exterminio de su fauna emblemática, cabe preguntarse si realmente defienden una tradición o si instrumentalizan el medio rural en función de sus intereses.
Y este fenómeno no se limita a Asturias: también en Euskadi y Navarra, los sectores ligados a las DOP de Idiazabal y Roncal han sido históricamente beligerantes contra el lobo, bloqueando su expansión y dificultando la conexión con las poblaciones europeas.
El lobo no es el problema. Es la excusa.
La estrategia es clara: se utiliza al lobo como chivo expiatorio de problemas estructurales mucho más complejos. Pero los datos son tozudos: la producción de queso Gamonéu aumenta, los precios suben, el número de elaboradores no cae.
El lobo no impide hacer queso. Lo que sí impide es seguir recibiendo fondos, ayudas y privilegios sin aceptar ningún tipo de compromiso ambiental. Por eso lo quieren fuera. Por eso hay que desenmascarar este discurso.
