El espejismo del “Paraíso Natural”
Detrás del marketing se esconde una realidad incómoda: el Principado impulsa una política que busca convertir la región en una finca privada para el sector ganadero y cinegético, donde no hay espacio para la fauna salvaje que incomoda a esos intereses.
El lobo ibérico (Canis lupus signatus) es el ejemplo más claro. Perseguido, hostigado y ahora directamente entregado a los cazadores incluso en espacios donde debería estar plenamente protegido, como el Parque Nacional de los Picos de Europa. Lo que debería ser patrimonio vivo se transforma en objetivo de exterminio.
La herencia de la “Ley de alimañas”
No es la primera vez que ocurre. En 1953, en pleno franquismo, se promulgó la llamada Ley de alimañas, que consideraba a depredadores como el lobo, el zorro, el oso o el lince como enemigos a eliminar. Se llegaron a pagar recompensas por cada ejemplar abatido.
Hoy, setenta años después, Asturias repite el patrón. La diferencia es que ya no se habla de “alimañas”, sino de “extracciones” o “gestión de daños”. Pero el fondo es el mismo: una persecución sistemática de depredadores, en nombre de unos intereses privados que siempre han presionado para imponer sus beneficios sobre la biodiversidad.
La noticia que confirma la deriva
El Principado de Asturias ha autorizado a los cazadores a disparar lobos en reservas naturales si aumentan los daños al ganado, como podíamos leer en esta noticia.
Ahora, sin ningún pudor, van a ceder el testigo a los cazadores, esos grandes aliados del agrofascismo, esos a quien representa «Juan el Vaina» y el resto de organizaciones mafiosas subvencionadas. Dicen que el objetivo es «aumentar la eficacia de las extracciones«, ese asqueroso eufemismo que significa matar lobos.
Si cualquier fotógrafo, como hemos visto en los últimos tiempos, es capaz de conseguir instantáneas del signatus a pocos metros, imaginaos a un malnacido pertrechado con un visor térmico, un rifle con un alcance efectivo de cientos de metros y, lo más importante, la impunidad que le da la administración y la complicidad de un mundo rural apesebrado y embrutecido.
El contexto: incendios y fauna desplazada
La decisión llega tras una oleada de incendios forestales que arrasaron montes, desplazaron a la fauna salvaje y redujeron las presas naturales del lobo.
En lugar de reforzar la protección de un ecosistema dañado, el Principado vuelve a usar al lobo como chivo expiatorio, responsabilizándolo de problemas que en realidad derivan de la mala gestión del territorio.
El lobo NO es culpable.
La verdadera raíz está en un sistema que antepone los intereses de la ganadería extensiva y los lobbies cinegéticos frente a la biodiversidad y la convivencia.
Las cifras del exterminio
Según datos recogidos por la Iniciativa Popular por el LOBO, el Principado planea la muerte de 53 lobos en distintos puntos del territorio.
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Se han definido “zonas de gestión” y “zonas libres de lobos”, un mapa que equivale a un programa de exterminio.
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Lo más alarmante: en áreas con menos daños al ganado se han autorizado más muertes que en zonas con más ataques. Una incoherencia que muestra que no hay criterios técnicos reales, sino intereses políticos y presión ganadera.
Lo que dice la ciencia
Frente al discurso oficial, los estudios y datos científicos son contundentes:
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Matar lobos no reduce los ataques al ganado. Investigaciones de la Universidad de León demuestran que, al contrario, la persecución puede incrementarlos, al desestructurar las manadas y dejar a lobos jóvenes sin experiencia cazando presas silvestres.
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Otros culpables invisibles: muchos ataques atribuidos al lobo corresponden en realidad a perros asilvestrados o mal gestionados.
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Crecimiento mínimo: el lobo ibérico apenas crece a un 0,8 % anual en la península, la tasa más baja en décadas.
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Pérdidas sobredimensionadas: según ASCEL, las muertes de ganado achacadas al lobo son mínimas comparadas con las que causan enfermedades, partos o abandono.
Jorge Soto, portavoz de ASCEL, lo resumió:
“Matar al lobo no tiene justificación ni científica, ni técnica, menos aún ética”.
El falso dilema: ganadería vs. conservación
El discurso oficial presenta la situación como un enfrentamiento inevitable entre ganaderos y lobos. Pero se trata de un falso dilema.
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El Principado no apuesta por medidas de convivencia reales: mastines, cercados eléctricos, vigilancia nocturna, compensaciones rápidas.
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Prefiere ceder a la presión de los grupos que históricamente han cazado lobos, incluso cuando estaban protegidos.
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Se impone un modelo lobicida que no soluciona los daños, pero sí legitima la violencia contra una especie clave del ecosistema.
Turismo de postal, política de exterminio
El contraste es brutal: Asturias se promociona como tierra de lobos y osos para atraer turistas, mientras aplica una política que puede acabar con ellos.
Ese es el verdadero significado del lema Paraíso Natural: un eslogan falaz que oculta la persecución de cualquier depredador molesto.
Un engaño institucional comparable al de la “Ley de alimañas” de 1953, pero con un envoltorio moderno y turístico.
Alternativas posibles y urgentes
El debate no debe girar en torno a cómo gestionar al lobo, porque los lobos no son recursos a administrar: son seres vivos con derecho a existir en libertad, en cualquier espacio donde puedan sobrevivir. No necesitamos “gestionar” lobos, sino aprender a coexistir con ellos.
Las verdaderas alternativas pasan por:
Pastoreo y vigilancia constante del ganado, recuperando prácticas tradicionales que siempre permitieron la convivencia.
Uso de mastines y otros perros protectores, aliados históricos que han demostrado ser la medida más eficaz contra los ataques.
Cercados móviles o eléctricos en zonas sensibles, especialmente durante la noche y en periodos críticos como el parto de ovejas.
Respeto absoluto al lobo como especie clave del ecosistema, renunciando a cualquier plan de control letal.
La convivencia es posible y está probada. Lo que falta no es eficacia, sino voluntad política para apostar por soluciones reales en lugar de seguir alimentando una espiral lobicida que solo beneficia a los sectores más reaccionarios del mundo rural.
Callar es permitir el exterminio
A pesar de que el lobo sigue en un estado de conservación desfavorable, la matanza continúa y nadie es capaz de detenerla. Porque, como ya se había anunciado, matar lobos solo consigue aumentar los ataques, lo que vuelve a justificar matar más lobos, entrando en un bucle que solo va a conseguir exterminar al Canis lupus signatus.
Asturias se encuentra en una encrucijada. Puede ser realmente un Paraíso Natural, o puede ser un territorio donde la política lobicida arrase con su fauna salvaje, devolviéndonos a los tiempos oscuros de la “Ley de alimañas”.
El lobo no es un enemigo. Es patrimonio, historia y equilibrio natural.
Defenderlo significa defender la vida, la biodiversidad y el futuro de Asturias.
Callar ahora es permitir su exterminio.
Hablar y actuar es la única forma de garantizar que el Canis lupus signatus siga aullando en nuestros montes.

2 comentarios
TOTALPROICIONFOTOTRAMPEOYVISORESTERMICOS
This article highlights the troubling decision by Asturias to authorize wolf hunting, ignoring scientific evidence that such actions worsen livestock attacks and harm biodiversity. It’s disheartening to see nature and wildlife continue to suffer due to outdated and harmful policies.