El Gobierno de Cantabria ha convertido la “gestión” del lobo en una operación de desgaste extremo, basada casi exclusivamente en la eliminación sistemática de ejemplares clave, especialmente hembras reproductoras, y en la destrucción completa de grupos familiares. Esta política, aplicada de forma continuada y sin respaldo científico, compromete no solo la viabilidad del lobo en Cantabria, sino la estabilidad de toda la población ibérica, al tratarse de un territorio clave de conexión entre núcleos poblacionales.
En este contexto, desde el inicio de esta ofensiva lobicida hay un nombre que debe ser señalado con claridad: María Jesús Susinos, consejera responsable de la política ambiental y ganadera en Cantabria. Bajo su dirección política se ha consolidado un modelo de “gestión” del lobo basado casi exclusivamente en la eliminación sistemática de ejemplares, en la destrucción de grupos familiares completos y en el desprecio abierto al conocimiento científico. No se trata únicamente de una responsabilidad autonómica: Susinos se ha convertido en una de las principales impulsoras de este enfoque represivo, actuando como ariete político para que otras comunidades adopten la misma senda de exterminio. Lo que hoy ocurre en Cantabria no es solo una tragedia local, sino un precedente peligroso que se pretende exportar al resto del Estado, normalizando una política de hechos consumados que vacía de contenido cualquier protección legal del lobo ibérico.
Cifras oficiales que ya son insostenibles
Según los propios datos del Gobierno de Cantabria, en apenas diez meses se han contabilizado 43 lobos muertos:
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35 abatidos por Agentes del Medio Natural
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5 atropellados
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2 furtiveados
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1 muerto por enfermedad
Estas cifras, ya alarmantes, no reflejan la dimensión real del exterminio. No lo hacen porque ocultan el impacto reproductivo, el factor más determinante para evaluar la viabilidad de una población.
ASCEL ha tenido acceso a necropsias oficiales que confirman un hecho gravísimo: al menos tres de los primeros lobos abatidos eran hembras recién paridas, con signos evidentes de lactancia. Estas muertes han sido denunciadas ante la Fiscalía de Cantabria.

La consecuencia directa es la pérdida casi segura de al menos 11 cachorros, lo que eleva la cifra real a 54 lobos muertos en menos de un año. En una población estimada entre 70 y 90 ejemplares, este dato es devastador.
No estamos ante un “exceso”.
Estamos ante un colapso poblacional inducido.
Eliminación de grupos familiares: la clave del exterminio
Antes de esta ofensiva, Cantabria contaba con 23 grupos reproductores, 9 de ellos compartidos con comunidades limítrofes. Esto significa que cualquier actuación en Cantabria tiene efectos directos fuera de su territorio, rompiendo la conectividad y debilitando poblaciones vecinas.
El análisis espacial de las muertes muestra que no se ha actuado al azar. Las batidas y controles letales se han concentrado sobre grupos concretos, eliminándolos de forma completa. Este tipo de actuación es considerado por la ciencia de la conservación uno de los métodos más destructivos posibles, ya que:
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Elimina reproductores experimentados.
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Rompe la estructura social de la manada.
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Provoca dispersión de individuos jóvenes.
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Incrementa comportamientos oportunistas.
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Aumenta los ataques al ganado.
Es decir, agrava exactamente aquello que dice querer solucionar.
Zonas devastadas: un patrón claro
La distribución territorial de las muertes confirma un patrón de exterminio:
Cuenca del Besaya
Una hembra recién parida con siete cachorros, junto a otros seis adultos y subadultos. Resultado: 14 lobos muertos. En la zona solo existían dos grupos reproductores.
Zona del Saja
Muerte de un macho reproductor, una hembra con cuatro fetos, otra hembra adulta y tres machos más. Un grupo familiar entero eliminado.
Campoo–Los Valles
11 lobos abatidos, además de atropellos y furtivismo. Tres grupos reproductores que, a día de hoy, han desaparecido.
San Pedro del Romeral
Cuatro lobos muertos y desaparición del grupo reproductor.
A esto se suma la muerte de otra hembra recién parida en Cabezón de la Sal y una hembra dispersante en el límite con Euskadi.
Este nivel de impacto no es compatible con la supervivencia de la especie.
ALMA: la ejecución que lo resume todo
Entre todos los nombres hay uno que simboliza esta barbarie: ALMA.

Una loba recién parida, abatida en Cantabria. Su muerte concentra toda la gravedad del modelo aplicado:
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Si fue abatida sin saber quién era, demuestra ausencia total de estudios, seguimiento y rigor técnico.
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Si fue abatida sabiendo que estaba recién parida, demuestra crueldad institucional y desprecio absoluto por la conservación.
Cualquiera de las dos opciones es inaceptable.
ALMA no es un “caso”. Es un símbolo del exterminio en marcha.
Ciencia ignorada, conflicto agravado
La evidencia científica es clara, sólida y reiterada:
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Matar lobos no reduce los ataques al ganado.
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La eliminación de reproductores incrementa los daños.
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Los controles letales generan inestabilidad social en las manadas.
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Las cifras de daños no descienden, incluso aumentan.
Mientras Cantabria mata lobos, colectivos como Grupo Lobo Galicia confirman que los ataques bajan mientras crece la alarma mediática, evidenciando que el problema no es el lobo, sino el modelo de gestión y la instrumentalización política del conflicto.
El papel del lobby ganadero
Nada de esto ocurre por casualidad. La política lobicida de Cantabria responde a los intereses de un sector ganadero que se niega a aplicar medidas de convivencia, que rechaza mastines, cercados, vigilancia y manejo adecuado, y que exige la eliminación del depredador como única respuesta.
No se trata de proteger al ganado.
Se trata de imponer un modelo de campo sin fauna salvaje.
El silencio cómplice del MITECO
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) conoce perfectamente que el estado de conservación del lobo ibérico en España es desfavorable. No se trata de una interpretación ni de una sospecha: los propios datos oficiales, los informes científicos y las evaluaciones técnicas así lo confirman. Aun así, el Ministerio ha optado por no remitir a la Comisión Europea el informe obligatorio sobre el estado de la especie, incumpliendo los plazos y sus responsabilidades legales.
Este silencio no es inocente. El MITECO está retrasando deliberadamente el envío del informe a la espera de un pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre la salida del lobo del LESRPE. El objetivo es claro: ganar tiempo, diluir responsabilidades y reducir el coste político de una decisión que sabe profundamente impopular y contraria a la normativa europea de conservación.
Mientras el Ministerio calla, las consecuencias son devastadoras sobre el terreno. Comunidades autónomas como Cantabria y Asturias están aprovechando este vacío institucional para autorizar controles letales y batidas que están esquilmando las manadas sin freno, fragmentando poblaciones y poniendo en riesgo la viabilidad de la especie a medio plazo. La falta de una posición firme del Estado actúa como carta blanca para políticas autonómicas regresivas, basadas más en presiones sectoriales que en criterios científicos.
No estamos ante un error administrativo ni ante una demora técnica. El Ministerio sabe lo que hace y sabe lo que provoca su inacción. Cada día de retraso tiene un impacto directo en la conservación del lobo, y ese impacto es irreversible.
Por tanto, conviene llamarlo por su nombre:
No es una omisión, no es una torpeza, es una decisión política consciente, y sus responsables deberán rendir cuentas, tanto ante Europa como ante la sociedad, por haber antepuesto el cálculo político a la protección efectiva de una especie clave para los ecosistemas.
No es mala suerte: es un proyecto
El lobo no tiene mala suerte.
Tiene enfrente un sistema que no tolera límites.
El mismo sistema que ya lo llevó al borde de la extinción con la Ley de Alimañas. El mismo que hoy, de la mano de la derecha y la ultraderecha, vuelve a señalar al lobo como enemigo.
Lo que ocurre en Cantabria no es una excepción, es un laboratorio. Si se consiente aquí, se extenderá.
Consumir y viajar también es elegir
Ante este escenario, la ciudadanía no puede mirar hacia otro lado. Consumir es posicionarse. Elegir productos de quienes apuestan por la convivencia y rechazar a quienes exigen exterminio también es una forma de defensa del lobo.
Lo mismo ocurre con el turismo. No se puede vender naturaleza mientras se destruye.
Conclusión: Cantabria como advertencia
Lo que se está haciendo en Cantabria conduce a la extinción funcional del lobo. No por accidente, sino por acumulación de decisiones conscientes, políticas y deliberadas.
Hoy son los lobos.
Mañana será todo lo que moleste.
Y entonces, como siempre, ya será tarde.
Referencias
Fracaso de la gestión cinegética del lobo en Cantabria
Por qué matar lobos no es la mejor forma de proteger a las ovejas
Grupo Lobo Galicia confirma que los ataques bajan mientras crece la alarma
España, expedientada por no enviar el informe de la situación del lobo
