Hay una pregunta que debería estar en el centro del debate sobre el lobo en España:
Si existen territorios adecuados para la especie, ¿por qué el lobo no consigue ocuparlos de forma estable?
La pregunta no es nueva, pero acaba de recibir una respuesta científica especialmente relevante.
Un estudio liderado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana-CSIC, publicado en Journal of Applied Ecology en julio de 2026, ha analizado la dinámica demográfica del lobo ibérico durante el periodo 1991-2021. Su conclusión es clara: la elevada mortalidad de los lobos ayuda a explicar por qué el área de distribución de la especie apenas ha aumentado durante las últimas décadas pese a la existencia de hábitat adecuado para su expansión.
El resultado más llamativo del estudio es que una reducción de tan solo un 10 % de la mortalidad de los lobos que viven en grupos familiares sería suficiente para mejorar la dinámica poblacional de la especie. El modelo predice grupos más numerosos, mayor éxito reproductor y un incremento de las distancias de dispersión, desde unos 32 kilómetros hasta más de 70. En ese escenario, el área de distribución del lobo podría llegar a duplicarse aproximadamente en tres décadas.
Una reducción de tan solo un 10 % de la mortalidad de los lobos que viven en grupos familiares sería suficiente para mejorar la dinámica poblacional de la especie
No estamos, por tanto, ante una especie que necesite necesariamente multiplicar su población para empezar a ocupar nuevos territorios. Necesita, sobre todo, que sobrevivan más lobos.
España no está llena de lobos
El discurso político y mediático suele partir de una premisa que conviene comprobar antes de aceptarla: que el lobo se encuentra en una expansión imparable y que sus poblaciones han alcanzado niveles excesivos. Los datos oficiales ofrecen una imagen bastante más matizada. El último censo nacional, correspondiente al periodo 2021-2024, contabilizó 333 manadas en España, frente a las 297 del censo de 2012-2014. El incremento es del 12,1 % aproximadamente en una década. Pero el dato más interesante no es solamente cuántas manadas hay, es dónde están.
El área de distribución estable del lobo se concentra todavía fundamentalmente en el noroeste peninsular. El censo nacional estimaba unos 130.000 km² de distribución estable y 3.518 km² de presencia esporádica, correspondiente esta última principalmente a zonas de Aragón y Cataluña. En el momento de realizarse el censo no se habían detectado todavía manadas establecidas en estas dos comunidades.
El censo nacional estimaba unos 130.000 km² de distribución estable y 3.518 km² de presencia esporádica,
Pero esta situación ya ha cambiado en Cataluña. En 2025 se confirmó la reproducción del lobo en territorio catalán y actualmente existe al menos una manada establecida, por lo que Cataluña debe incluirse ya entre las zonas peninsulares ocupadas por el lobo.
El dato no altera sustancialmente la imagen general: el grueso de la población sigue concentrado en el noroeste y la presencia del lobo continúa siendo muy reducida en buena parte del territorio peninsular. Pero sí resulta importante porque demuestra que la recolonización natural continúa produciéndose y que algunos territorios que hasta hace poco solo registraban ejemplares dispersantes pueden llegar a albergar grupos reproductores.
En el extremo contrario se encuentra Sierra Morena, donde ya no se detectan cuadrículas de presencia y la población está extinguida desde hace años. El dato merece una reflexión.
Después de décadas de supuesta «expansión imparable», el lobo sigue concentrado fundamentalmente en el mismo gran núcleo noroccidental, con una presencia mucho más limitada en otras zonas y solo casos puntuales de establecimiento fuera de ese núcleo.
Sí, existen nuevos territorios ocupados y el número de manadas ha aumentado. Pero la expansión territorial sigue siendo limitada. Y precisamente eso es lo que ha tratado de explicar el nuevo estudio científico.
El lobo que España perdió
Antes de preguntarnos por qué el lobo no recoloniza determinadas zonas debemos recordar por qué desapareció de ellas. Y aquí también conviene evitar exageraciones. Durante décadas se ha repetido que a mediados del siglo XIX el lobo ocupaba prácticamente toda la Península Ibérica. Sin embargo, una investigación del CSIC sobre la distribución histórica de la especie concluyó que esa imagen es incorrecta. El lobo estaba presente en todas las provincias peninsulares, pero su distribución no era continua ni uniforme. Ya a mediados del siglo XIX se encontraba en regresión y su presencia variaba considerablemente entre territorios.
Esto no reduce la importancia de la persecución histórica. Al contrario. Los investigadores señalan que durante los siglos XIX y XX se produjeron procesos de persecución muy intensos. Entre ellos destacan las campañas sistemáticas de envenenamiento, especialmente desde la introducción de la estricnina y la creación de mecanismos institucionalizados de eliminación de animales considerados dañinos. A mediados del siglo XX las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza, creadas en 1953, intensificaron estas actuaciones hasta 1968.
Los investigadores señalan que durante los siglos XIX y XX se produjeron procesos de persecución muy intensos
El resultado fue la desaparición del lobo de amplias áreas y su confinamiento progresivo a los territorios donde encontraba mayores posibilidades de supervivencia. No estamos, por tanto, ante una especie que esté intentando conquistar un territorio completamente nuevo. Estamos ante una especie que todavía no ha recuperado buena parte del territorio del que fue expulsada.

La mortalidad sigue siendo una cuestión central
El nuevo estudio de Doñana-CSIC permite conectar aquella historia con la situación actual. Los investigadores construyeron un modelo demográfico utilizando datos oficiales de población y distribución correspondientes al periodo 1991-2021. El modelo reproduce la evolución observada y permite analizar qué ocurriría si se modificaran las tasas de mortalidad de diferentes grupos de edad y situación social. El resultado es especialmente significativo.
La mortalidad estimada anualmente afecta aproximadamente a:
- una cuarta parte de los lobos que viven en grupos familiares;
- más de un tercio de los ejemplares dispersantes;
- más de la mitad de los cachorros.
No significa que todos esos animales mueran por causas humanas. Son tasas de mortalidad utilizadas por el modelo demográfico. Pero sí demuestra algo fundamental: la mortalidad tiene capacidad suficiente para determinar la dinámica territorial de la especie. Y eso cambia la interpretación del problema.
No todos los lobos muertos tienen el mismo efecto
Una de las aportaciones más interesantes del estudio es que no basta con contar cadáveres. La estructura social del lobo hace que la muerte de determinados individuos tenga consecuencias mucho mayores que la de otros. Una manada no es una agrupación aleatoria de animales. Es una unidad familiar, y la desaparición de uno de los reproductores puede alterar la estructura del grupo, reducir su capacidad reproductora y dejar territorios disponibles. El estudio encuentra precisamente este efecto.
La estructura social del lobo hace que la muerte de determinados individuos tenga consecuencias mucho mayores que la de otros. Una manada no es una agrupación aleatoria de animales
Cuando aumenta la mortalidad de los lobos residentes, aparecen más territorios vacantes. Los individuos dispersantes, en lugar de ocupar nuevos espacios alejados, tienden a asentarse cerca de su territorio natal. De este modo se produce una especie de círculo vicioso: hay dispersión, pero no necesariamente colonización efectiva de nuevos territorios.
Y aquí aparece una de las claves para entender la actual distribución española. Un lobo puede abandonar su territorio, puede recorrer decenas de kilómetros, puede llegar a una zona aparentemente adecuada. Pero si la mortalidad impide que encuentre pareja, se establezca y sobreviva durante el tiempo necesario para reproducirse, la dispersión no se transforma en expansión de la población.
¿De qué mueren los lobos?
Esta es probablemente la pregunta más difícil de responder con precisión. Y conviene reconocerlo. España no dispone de un registro nacional completo y homogéneo de todos los lobos que mueren, con información comparable entre comunidades autónomas y con capacidad suficiente para determinar la mortalidad real.
España no dispone de un registro nacional completo y homogéneo de todos los lobos que mueren
El propio estudio de Doñana-CSIC destaca esta limitación: para construir su modelo tuvo que integrar datos procedentes de diferentes administraciones y metodologías de seguimiento que no siempre son homogéneas. Además, existen importantes lagunas en los datos directos sobre supervivencia, reproducción y dispersión.
Esto significa que debemos diferenciar entre mortalidad conocida y mortalidad real. La primera es la que conseguimos detectar. La segunda incluye también aquellos animales que mueren sin que nadie encuentre sus restos. Y esta diferencia es especialmente importante cuando hablamos de muertes ilegales.
La persecución humana sigue siendo la principal causa de muerte del lobo
Un estudio publicado en 2025 en Mammal Review, liderado también por investigadores de la Estación Biológica de Doñana, analizó 140 estudios científicos sobre mortalidad del lobo gris en el hemisferio norte.
Su conclusión es contundente: el 74 % de las muertes documentadas en Europa y Norteamérica se atribuyen a acciones humanas.
La principal causa humana son la caza y otras formas de persecución letal, tanto legales como ilegales, mientras que los atropellos constituyen otra causa importante.
El resultado no significa que el 74 % de los lobos que mueren actualmente en España mueran por acción humana. Es una síntesis internacional de estudios sobre Canis lupus y no debe transformarse artificialmente en una estadística española.
Pero sí establece algo de enorme importancia: En los paisajes humanizados, la mortalidad causada por el ser humano es uno de los principales factores que determinan la supervivencia del lobo.
Y España no constituye una excepción conocida a ese patrón.
Los datos españoles también muestran una larga historia de mortalidad antropogénica
Ya a finales de los años ochenta existían evidencias de una mortalidad humana extraordinariamente elevada.
Un estudio elaborado para el entonces Ministerio de Medio Ambiente recogió 309 lobos muertos por causas humanas en 1987, aunque advertía de que el número real podía ser muy superior. A partir de diferentes estimaciones se llegó a calcular una mortalidad humana anual de entre 550 y 750 lobos.
A partir de diferentes estimaciones se llegó a calcular una mortalidad humana anual de entre 550 y 750 lobos
La tabla histórica recopilada por el Ministerio atribuía el 60 % de los casos conocidos a disparos, el 19,7 % a captura de camadas, el 11,5 % a trampas, el 3 % a envenenamiento y el 1,2 % a otras causas, aunque la metodología presentaba importantes limitaciones. El propio documento advertía de que las entrevistas podían favorecer el conocimiento de las causas legales frente a las ilegales y que los métodos «más sucios» podían estar infrarrepresentados.
Es un documento antiguo que quizá no sirve para describir la mortalidad actual. Pero sí sirve para demostrar que la mortalidad antropogénica no es una preocupación nueva ni una cuestión anecdótica en la historia del lobo español.
¿Y qué sabemos de las últimas décadas?
Los datos disponibles para el periodo más reciente son fragmentarios, pero vuelven a apuntar en la misma dirección. La información recopilada para los informes de aplicación de la Directiva Hábitats indicaba que entre 2001 y 2016, entre las muertes no naturales registradas del lobo ibérico, aproximadamente:
- 70 % correspondían a controles poblacionales realizados por las administraciones;
- 12 %, a atropellos;
- 12 %, a causas indeterminadas;
- 5 %, a disparos de caza y lazos, incluyendo furtivismo;
- 2 %, a veneno y tóxicos.
Estos datos deben manejarse con mucha cautela. No representan todas las muertes de lobos de España. Son muertes no naturales registradas durante un periodo determinado y, por tanto, están condicionadas por la capacidad de detección y por la información proporcionada por las administraciones.
Pero hay un elemento que no debería pasar desapercibido: los controles poblacionales legales aparecen como la principal causa de mortalidad no natural registrada.
Los «controles legales» también son mortalidad
Durante años se ha tendido a separar artificialmente «mortalidad» y «gestión». Un lobo muerto durante un control poblacional sigue siendo un lobo muerto. Desde el punto de vista demográfico, la cuestión relevante no es si la bala procede de un cazador particular o de un agente de la Administración.
Es: ¿qué efecto tiene la eliminación de ese animal sobre la población? Precisamente por eso el nuevo estudio de Doñana resulta tan relevante. El modelo no dice que solamente debamos preocuparnos por el furtivismo. Dice que reducir la mortalidad de los lobos residentes en los grupos familiares mejora la dinámica de la población. La distinción entre una muerte «legal» y una «ilegal» puede ser fundamental desde el punto de vista jurídico. Pero para un modelo demográfico, ambas son mortalidad.
El modelo dice que reducir la mortalidad de los lobos residentes en los grupos familiares mejora la dinámica de la población
Los atropellos: una amenaza que no dispara un arma
Los atropellos constituyen otra causa de mortalidad que merece especial atención. Las carreteras atraviesan precisamente los territorios por los que los lobos necesitan desplazarse para dispersarse y establecerse. La estrategia nacional de conservación del lobo ya identificaba los atropellos como una amenaza, junto con la fragmentación del hábitat y la mortalidad derivada de la actividad humana.
Y hay una cuestión especialmente importante: los atropellos pueden afectar desproporcionadamente a los individuos que se encuentran en movimiento. Es decir, justamente aquellos animales que necesitamos para conectar poblaciones y colonizar nuevos territorios. Por eso un atropello no debe contemplarse únicamente como la pérdida de un ejemplar. Puede ser también la pérdida de un futuro fundador de una nueva población.
Veneno, lazos y furtivismo: la mortalidad que probablemente conocemos peor
El veneno y las trampas presentan un problema añadido: su detección es mucho más difícil que la de un animal atropellado. Un lobo muerto en una carretera deja un cadáver visible. Un animal abatido ilegalmente en una zona remota puede desaparecer. Un animal envenenado puede morir lejos del lugar donde se colocó el tóxico y ser consumido posteriormente por otros animales. Un lobo atrapado en un lazo puede no ser localizado nunca.
Un lobo muerto en una carretera deja un cadáver visible. Un animal abatido ilegalmente en una zona remota puede desaparecer. Un animal envenenado puede morir lejos del lugar donde se colocó el tóxico y ser consumido posteriormente por otros animales. Un lobo atrapado en un lazo puede no ser localizado nunca
Por eso la ausencia de cadáveres no equivale a ausencia de mortalidad. La propia documentación histórica del Ministerio advertía ya de que las metodologías basadas en entrevistas podían infrarrepresentar las causas ilegales. Y el estudio internacional de 2025 vuelve a señalar un problema similar: las muertes provocadas por el ser humano, especialmente las ilegales, pueden resultar difíciles de detectar y cuantificar.
La mortalidad no es solamente matar lobos
Hay una cuestión todavía más importante. La mortalidad puede modificar el comportamiento y la estructura social de la población.
La pérdida de un reproductor puede desestructurar una unidad familiar. La desaparición de varios miembros puede dejar un territorio vacío. La muerte de dispersantes puede impedir la conexión entre poblaciones. Y la eliminación reiterada de ejemplares en los bordes de distribución puede impedir que una población transforme una presencia ocasional en una población reproductora estable.
Por eso la mortalidad tiene un efecto territorial que va mucho más allá del número de cadáveres. Esto encaja exactamente con el resultado del modelo de Doñana. Cuando se reduce la mortalidad de los lobos residentes en un 10 %, aumentan el tamaño de los grupos y el éxito reproductivo y se incrementa la distancia de dispersión. El modelo calcula que la distancia de dispersión podría pasar de unos 32 kilómetros a más de 70.
La consecuencia es extraordinariamente gráfica: menos mortalidad → grupos más fuertes → mayor dispersión → mayor colonización → mayor área de distribución.
Entonces, ¿qué está impidiendo que el lobo vuelva?
La respuesta no es única. No existe una sola barrera que explique toda la distribución actual. Pero los datos permiten identificar varios factores.
1. Mortalidad directa
La eliminación deliberada de lobos —legal o ilegal— reduce la supervivencia y puede afectar especialmente a los individuos reproductores.
2. Mortalidad durante la dispersión
Los animales que intentan abandonar las áreas de presencia estable se enfrentan a carreteras, persecución y otros riesgos asociados a los territorios humanizados.
3. Fragmentación del territorio
Carreteras, infraestructuras y otros elementos del paisaje no necesariamente hacen inhabitable un territorio, pero pueden dificultar los desplazamientos y aumentar la mortalidad.
4. Persecución en los bordes de distribución
Una población puede llegar a un territorio y, sin embargo, no conseguir establecerse si la mortalidad mantiene el número de individuos por debajo del umbral necesario para formar grupos reproductores estables.
5. Aislamiento
La situación del lobo ibérico es especialmente singular porque la población peninsular está relativamente aislada de los grandes núcleos europeos. El propio informe europeo de evaluación del lobo señala la importancia de la conectividad y advierte de las presiones ejercidas por controles poblacionales, caza, furtivismo y atropellos.
6. Desaparición de poblaciones periféricas
El caso de Sierra Morena es especialmente significativo. El último censo nacional ya no detecta presencia en esta zona y señala que la población está extinguida desde hace años. Una especie puede ser abundante en un núcleo y, simultáneamente, estar perdiendo diversidad territorial y poblaciones periféricas.
El caso de Sierra Morena debería hacernos pensar
Durante años se ha utilizado la presencia del lobo en el noroeste como argumento para afirmar que la especie está fuera de peligro. Pero una población no se conserva solamente porque tenga un núcleo «numeroso». También importa su distribución, conectividad, estructura demográfica y capacidad para ocupar nuevos territorios.
Durante años se ha utilizado la presencia del lobo en el noroeste como argumento para afirmar que la especie está fuera de peligro
La desaparición del núcleo de Sierra Morena demuestra que el mapa de distribución no es estático. El lobo puede ganar terreno en unas zonas y perderlo en otras. Y una especie puede presentar un aumento moderado del número de manadas mientras continúa sin recuperar una parte importante de su área histórica.
Eso es precisamente lo que hace que el dato de las 333 manadas deba interpretarse con prudencia (cifra que no se traduce en un número determinado de ejemplares, a pesar de que algunas administraciones opten por hacer la multiplicación al alza). El censo registra un incremento respecto a 2012-2014, sí. Pero el propio censo muestra también una distribución estable concentrada en el noroeste, una presencia oriental todavía esporádica y la desaparición de Sierra Morena.
La paradoja del lobo español
Aquí aparece una paradoja que debería estar mucho más presente en el debate. España tiene una cantidad de lobos en algunas Comunidades Autónomas que lleva a determinadas administraciones a hablar de «control poblacional». ¿Cómo se saben las cifras? ¿Cómo están hechos los censos? En cualquier caso, no suficientes para que la especie haya recuperado una distribución territorial amplia y conectada. Una población puede concentrarse en determinadas zonas y soportar una mortalidad elevada sin desaparecer inmediatamente. Pero esa misma mortalidad puede impedir que colonice otras áreas.
Por eso no basta con preguntar: ¿Cuántos lobos hay?
Hay que preguntar: ¿Cuántos sobreviven, dónde sobreviven, cuánto viven, cuántos se reproducen y cuántos consiguen establecerse fuera del núcleo original?
El nuevo estudio ofrece una respuesta incómoda
El trabajo de Morales-González y colaboradores no concluye que el hábitat sea irrelevante. Concluye algo diferente y mucho más interesante: hay hábitat adecuado disponible, pero la elevada mortalidad está limitando la capacidad de la especie para aprovecharlo.
Hay hábitat adecuado disponible, pero la elevada mortalidad está limitando la capacidad de la especie para aprovecharlo
Y el modelo ofrece además una prueba virtual de enorme interés: reducir la mortalidad de los lobos residentes en un 10 % cambia sustancialmente la dinámica de la población. No hace falta multiplicar artificialmente la reproducción. No hace falta introducir lobos. Basta con dejar morir menos lobos.
El modelo predice que esa pequeña reducción podría traducirse en una expansión territorial extraordinariamente importante a lo largo de unas décadas.
Y aquí aparece la cuestión política
Esta conclusión científica llega en un momento especialmente significativo.
En 2021 el lobo fue incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) en toda España, poniendo fin a su caza como especie cinegética en el territorio nacional. Sin embargo, en 2025 la Ley 1/2025 modificó el régimen estatal y mantuvo en el LESRPE únicamente las poblaciones situadas al sur del Duero, dejando fuera las del norte. La cuestión no es solamente jurídica. Es demográfica.
Los autores del estudio de Doñana advierten expresamente de que el retorno de las tasas de mortalidad existentes antes de 2021 podría dificultar la recuperación de la población ibérica y consideran esenciales una protección legal efectiva y medidas más fuertes contra la mortalidad ilegal.
El retorno de las tasas de mortalidad existentes antes de 2021 podría dificultar la recuperación de la población ibérica
Es decir, justo cuando la investigación científica identifica la reducción de la mortalidad como una de las principales herramientas para favorecer la recuperación, España ha avanzado en sentido contrario en parte de su territorio.
No podemos «gestionar» una especie mirando solamente los daños
Existe otro problema en el debate público. La presencia del lobo suele medirse políticamente a través de los daños al ganado. Si aumentan los ataques, aumenta la presión para matar lobos. Pero los daños no constituyen un indicador directo de la salud demográfica de la especie. Tampoco el número de lobos muertos por controles puede interpretarse como una medida de «gestión sostenible».
Son dos variables diferentes. Una política de conservación debería preguntarse simultáneamente: ¿Cuál es la población? ¿Cuál es su distribución? ¿Cuál es la tendencia? ¿Cuál es la mortalidad? ¿Qué proporción de esa mortalidad es antropogénica? ¿Qué supervivencia tienen los reproductores? ¿Cuántos dispersantes llegan a establecerse? ¿Existe conectividad entre núcleos? ¿Se están recolonizando territorios históricos? ¿Se están perdiendo poblaciones periféricas?
Sin esas respuestas, reducir el problema a «hay demasiados lobos porque hay daños» supone confundir conflicto con estado de conservación.
El lobo necesita territorio, pero sobre todo necesita supervivencia
La gran aportación del nuevo estudio es que ayuda a cambiar la pregunta. Durante décadas hemos discutido sobre si España tiene demasiado o demasiado poco territorio para el lobo. Pero la cuestión puede ser mucho más sencilla: ¿Qué ocurre si los lobos que deberían ocupar ese territorio no sobreviven?
La respuesta es evidente. No lo ocuparán.
Un animal muerto no se dispersa. Un reproductor muerto no reproduce. Una pareja reproductora muerta deja un territorio vacío. Un dispersante muerto no funda una nueva manada. Y una población sometida a una mortalidad elevada puede mantenerse aparentemente estable en su núcleo sin conseguir expandirse.
La recuperación del lobo no debería medirse solamente en manadas
Las 333 manadas del último censo constituyen un dato importante. Pero no deberían convertirse en el único indicador del éxito de la conservación. España necesita saber mucho más sobre la supervivencia individual, mortalidad por causas, estructura de edad, éxito reproductor, dispersión y conectividad.
España necesita saber mucho más sobre la supervivencia individual, mortalidad por causas, estructura de edad, éxito reproductor, dispersión y conectividad
El propio equipo de Doñana señala que la falta de datos demográficos de alta calidad constituye una limitación importante y reclama mejorar y homogeneizar los programas de seguimiento. Es difícil tomar buenas decisiones de gestión cuando ni siquiera sabemos con precisión cuántos animales mueren cada año, dónde mueren y por qué. Y es todavía más difícil justificar políticas de extracción si el conocimiento sobre la mortalidad natural y antropogénica presenta importantes lagunas.
La pregunta que deberíamos hacernos
El debate sobre el lobo español se ha construido demasiadas veces alrededor de una pregunta: ¿Cuántos lobos podemos permitirnos?
Pero quizá la pregunta correcta sea otra: ¿Cuántos lobos necesita la especie para recuperar un área de distribución viable y conectada y cuánto estamos impidiendo esa recuperación mediante la mortalidad que nosotros mismos provocamos?
El nuevo estudio de la Estación Biológica de Doñana aporta una pista extraordinariamente importante. Reducir un 10 % la mortalidad de los lobos residentes podría mejorar su estado de conservación y permitir que el área de distribución llegara a duplicarse en unas tres décadas. No es una predicción de que eso vaya a ocurrir necesariamente. Es el resultado de un modelo demográfico. Pero sí es una evidencia científica de que la mortalidad es un factor limitante y que reducirla puede cambiar radicalmente la dinámica de la población.
Reducir un 10 % la mortalidad de los lobos residentes podría mejorar su estado de conservación y permitir que el área de distribución llegara a duplicarse en unas tres décadas
Y eso obliga a replantear el discurso de la «expansión imparable».
El lobo no necesita que España le regale un territorio
Necesita que dejemos de impedir que ocupe el que puede ocupar. La historia demuestra que la persecución humana redujo y fragmentó su distribución. El presente muestra que la especie continúa concentrada en un núcleo noroccidental, mientras otras zonas solamente reciben individuos dispersantes y algunas poblaciones históricas han desaparecido. La investigación científica demuestra ahora que la mortalidad ayuda a explicar por qué esa expansión territorial es tan limitada. Y los estudios sobre mortalidad indican que la mayor parte de las muertes de lobos documentadas en amplias regiones del mundo están relacionadas con la actividad humana.
Por eso, cuando se habla de que el lobo «no deja de expandirse», convendría mirar el mapa antes que el titular. El lobo sigue sin ocupar buena parte de los territorios donde podría vivir. Y cuando intenta hacerlo, no solamente encuentra carreteras, infraestructuras y paisajes humanizados. Encuentra también una especie humana que, después de haberlo perseguido durante siglos, continúa decidiendo cuántos ejemplares está dispuesta a tolerar.
Quizá el verdadero problema no sea que el lobo se esté expandiendo demasiado.
Quizá el problema sea que todavía no le estamos dejando recuperarse.
Referencias
- Estación Biológica de Doñana – CSIC — Reducir un 10% la mortalidad del lobo ibérico permitiría mejorar su estado de conservación. Estudio sobre la relación entre mortalidad y expansión territorial del lobo ibérico. Enlace directo — EBD-CSIC
- Morales-González, A., Fernández-Gil, A., Quevedo, M., Kramer-Schadt, S., Paniw, M. & Revilla, E. (2026) — Resident mortality determines grey wolf range dynamics. Journal of Applied Ecology, 63, e70465. Artículo científico — Wiley / Journal of Applied Ecology
- Estación Biológica de Doñana – CSIC — La persecución humana es la principal causa de muerte de los lobos, según un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana. Estudio que analiza 140 trabajos sobre mortalidad del lobo y concluye que el 74 % de las muertes registradas en Europa y Norteamérica tienen causas humanas. Enlace directo — EBD-CSIC
- Morales-González, A., Ruiz-Villar, H., Quevedo, M., Fernández-Gil, A., Paniw, M. & Revilla, E. (2025) — Patterns and Determinants of Mortality in Grey Wolves (Canis lupus). Mammal Review. Artículo científico — DOI
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) — Resultados del Censo Nacional 2021-2024 del Lobo ibérico (Canis lupus) en España. Fuente de los datos sobre distribución, número de manadas y evolución de la población. Resultados del Censo Nacional 2021-2024 — MITECO
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) — El censo nacional del lobo 2021-2024 arroja una cifra total de 333 manadas en toda España. Fuente de los datos comparativos con el censo 2012-2014 y de la consideración de la expansión como moderada. Nota de prensa — MITECO
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) — Revisión de aportaciones de las CCAA a las fichas del informe sexenal del lobo. Documento técnico que incluye información sobre mortalidad, seguimiento mediante emisores GPS y furtivismo; entre otros datos, recoge que en una muestra de 23 ejemplares monitorizados el 26 % sufrió mortalidad por furtivismo. Documento técnico — MITECO
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) — El lobo en España: una visión global. Documento histórico que recoge, entre otros datos, la mortalidad humana registrada en 1987 y la estimación de entre 550 y 750 lobos muertos anualmente por causas humanas en aquel periodo. Documento — MITECO
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) — Estrategia para la conservación y gestión del lobo (Canis lupus) y su convivencia con las actividades del medio rural. Estrategia nacional aprobada por la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente el 28 de julio de 2022. Documento oficial — MITECO
- Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Universidad de Oviedo — El lobo nunca habitó en más de la mitad de España en los siglos XIX y XX. Estudio histórico basado en más de 13.000 registros de presencia y ausencia de la especie. Nota del CSIC
- Quero, A., Torrente, J. P. & Llaneza, L. (2026) — Distribución histórica del lobo Canis lupus en el sur del Pirineo entre los siglos XIX, XX y XXI. Pirineos, 181, e093. Estudio sobre la evolución histórica de la distribución del lobo en el Pirineo y su regresión durante los siglos XIX y XX. Artículo científico — Pirineos / CSIC
- Generalitat de Catalunya — Departament de Medi Ambient i Sostenibilitat — Llop (Canis lupus). Información oficial sobre la presencia y evolución del lobo en Cataluña. Confirma que la reproducción se confirmó en noviembre de 2025 y que se detectaron tres cachorros, constituyendo actualmente la primera manada catalana. Llop — Generalitat de Catalunya
- Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) — Documentado uno de los movimientos de dispersión más largos llevados a cabo por un lobo. Documenta el desplazamiento de 1.240 kilómetros de un ejemplar nacido en Alemania hasta Vilaller (Lleida). Enlace directo — UAB
