Un estudio italiano que debería hacernos pensar
Un estudio publicado recientemente en Ambio ha puesto sobre la mesa una cuestión que va mucho más allá de los Alpes italianos: ¿hasta qué punto la imagen que la sociedad tiene del lobo depende de la realidad de la especie y hasta qué punto depende de la manera en que esa realidad es contada por los medios de comunicación?
Davide Ravaglia, Guillaume Chapron y Francesca Marucco analizaron 4.094 noticias relacionadas con el lobo publicadas entre 2014 y 2023 en diferentes regiones alpinas de Italia. Mediante clasificaciones realizadas por personas y por redes neuronales, y utilizando posteriormente modelos estadísticos bayesianos, estudiaron cómo variaba la actitud de las informaciones en función del territorio, de la fase de recolonización del lobo, de los periodos con mayor actividad de supuesta depredación sobre el ganado y de la proximidad de procesos electorales.
Los resultados encontraron asociaciones entre una actitud mediática más negativa y las zonas recientemente recolonizadas, los periodos de mayor actividad de supuesta depredación y la proximidad de las elecciones. Los propios autores son prudentes con la interpretación y no afirman que las elecciones provoquen por sí mismas una cobertura negativa. Pero el patrón existe y plantea una pregunta que en España deberíamos tomarnos muy en serio. ¿Qué ocurre cuando un animal se convierte en un problema mediático antes incluso de convertirse en un problema ecológico?
Una muerte no es automáticamente una depredación
Hay, además, un aspecto del estudio italiano que debemos interpretar con mucha cautela. Los investigadores relacionan la actitud negativa de los medios con los periodos de mayor actividad de supuesta depredación sobre el ganado. Pero eso no significa que todo animal muerto durante la época de pastoreo haya sido depredado por un lobo. La distinción es fundamental.
Pero eso no significa que todo animal muerto durante la época de pastoreo haya sido depredado por un lobo
Un animal puede morir por enfermedad, accidente, parto, inanición, envejecimiento, condiciones meteorológicas o cualquier otra causa. Posteriormente, su cadáver puede ser localizado y consumido por un lobo. Desde el punto de vista ecológico, el lobo habrá incorporado restos de ganado a su alimentación. Pero desde el punto de vista de la atribución de daños, eso no demuestra que haya matado al animal. Carroñear no es lo mismo que depredar.
Y, sin embargo, en el relato mediático ambas cosas pueden acabar mezclándose. Un cadáver encontrado en el campo puede convertirse en un “ataque de lobo”; el “ataque” puede transformarse en un nuevo episodio de “conflictividad”; y la acumulación de episodios puede acabar presentándose como evidencia de que existe una presión insoportable sobre la ganadería. La ciencia exige algo mucho más sencillo: demostrar primero qué ocurrió.
De la supuesta depredación al titular
Aquí aparece uno de los principales problemas del tratamiento informativo del lobo. No es lo mismo informar de una supuesta depredación que afirmar que un lobo ha matado ganado. No es lo mismo explicar que se está investigando un cadáver que titular directamente que “los lobos vuelven a matar”. Y tampoco es lo mismo publicar el resultado de una investigación que dejar que la primera atribución quede instalada en la opinión pública. La diferencia puede parecer puramente lingüística, pero tiene consecuencias enormes.
Una noticia que comienza con una sospecha puede terminar, después de ser reproducida por diferentes medios y redes sociales, convertida en una certeza colectiva. El proceso de investigación desaparece y queda únicamente el titular inicial. Y cuando eso ocurre repetidamente, la acumulación de supuestas depredaciones puede crear una realidad mediática mucho más contundente que la realidad que finalmente muestran las investigaciones. Basta con una combinación de sensacionalismo, búsqueda de audiencia, fuentes poco contrastadas y repetición.
España ya ha estudiado este fenómeno
Lo verdaderamente importante es que España cuenta con evidencia científica que permite plantear esta crítica. Miguel Delibes-Mateos analizó 902 noticias sobre el lobo publicadas entre 2006 y 2017 en El Norte de Castilla. El 60 % de ellas estaban relacionadas con el conflicto entre el lobo y la ganadería. El estudio encontró además diferencias entre territorios: en el sur de Castilla y León, donde el lobo había recolonizado nuevas zonas y existía una mayor conflictividad, la cobertura del conflicto aumentó; en el norte, donde la especie llevaba más tiempo presente, la información era más diversa e incluía con mayor frecuencia cuestiones relacionadas con la conservación y la caza.
La conclusión del investigador resulta especialmente significativa: los medios tendían a presentar al lobo como un riesgo para el ganado y, por extensión, para los medios de vida humanos, algo que podía influir en las actitudes sociales hacia la especie y dificultar la coexistencia. Por tanto, no estamos ante una preocupación inventada desde el movimiento conservacionista. Existe un estudio científico que ha analizado precisamente cómo se construye mediáticamente el conflicto del lobo en España.
Cuando la noticia alimenta el conflicto
Hay una cuestión todavía más interesante en el trabajo español. El autor señala que los temas relacionados con el conflicto lobo-ganadería resultan especialmente atractivos para las audiencias y que la atención continuada sobre ellos puede dificultar la gestión del conflicto. Es fácil comprender por qué.
Un grupo familiar de lobos desplazándose por un monte no suele generar una noticia. La recuperación de una población de ungulados silvestres tampoco. El funcionamiento natural de un ecosistema rara vez ocupa una portada. Un cadáver acompañado de la palabra “lobo”, en cambio, sí.
El resultado puede ser una especie de círculo vicioso: los acontecimientos conflictivos generan más noticias; las noticias generan mayor percepción de conflicto; esa percepción aumenta el interés de los medios y de los políticos; y la nueva atención genera todavía más noticias sobre el conflicto. Al final, el lobo aparece constantemente en las noticias porque existe conflicto, pero también puede parecer que existe un conflicto permanente porque el lobo aparece constantemente en las noticias.
El lobo como chivo expiatorio de la crisis ganadera
Y aquí es donde debemos ir más allá del estudio italiano. En España se repite con frecuencia que el lobo pone en peligro el futuro de la ganadería. La afirmación puede resultar eficaz políticamente, pero presentar al lobo como una de las grandes amenazas estructurales para el futuro del sector ganadero español es una falacia.
La ganadería española tiene problemas mucho más profundos y complejos. El propio Ministerio de Agricultura señala actualmente el relevo generacional como uno de los principales retos para garantizar el futuro del campo español. A esto hay que añadir los costes de producción, la evolución de los mercados, la competencia internacional, las condiciones de acceso a los mercados, los cambios en los hábitos de consumo, las exigencias regulatorias, la disponibilidad de mano de obra, la rentabilidad de las explotaciones y la dificultad de mantener determinadas actividades en territorios rurales.
La ganadería española tiene problemas mucho más profundos y complejos. El propio Ministerio de Agricultura señala actualmente el relevo generacional como uno de los principales retos para garantizar el futuro del campo español
El acuerdo UE-Mercosur constituye, además, un ejemplo evidente de que la ganadería está sometida a fuerzas económicas que poco tienen que ver con el lobo. El acuerdo establece para la Unión Europea un contingente de 99.000 toneladas anuales de carne de vacuno procedente de Mercosur, aunque el impacto final sobre cada sector y territorio es objeto de debate. El propio sector ganadero ha advertido de la competencia de países como Brasil y Argentina.
Y hay una contradicción evidente. Mientras determinados discursos políticos presentan al lobo como una amenaza para el futuro de la ganadería, los verdaderos problemas estructurales del sector se encuentran en cuestiones como la rentabilidad, el relevo generacional, los mercados, la competencia internacional y la transformación de los modelos de consumo. Resulta mucho más fácil señalar al lobo que explicar todo eso.
El lobo como enemigo conveniente
El lobo tiene, además, una ventaja política extraordinaria: no puede responder. No puede explicar que una explotación no haya instalado medidas de prevención o hablar de los costes de producción, no puede defenderse de una acusación ni puede explicar que un cadáver fue carroñeado o que una atribución era incorrecta. Y tampoco puede recordar que la desaparición de la ganadería extensiva responde a procesos económicos y sociales que comenzaron mucho antes de que el lobo regresara a determinados territorios. El lobo simplemente está ahí.
Y por eso resulta tan sencillo convertirlo en responsable de problemas que tienen causas mucho más complejas.
¿Dónde están las medidas de prevención?
Existe otra cuestión que rara vez aparece con la misma intensidad en determinados relatos mediáticos: las medidas de prevención. Si se pretende conservar una especie protegida y al mismo tiempo mantener una ganadería extensiva en territorios con presencia de grandes carnívoros, la pregunta debería ser qué medidas permiten compatibilizar ambas realidades, cuestión de sobra conocida: vigilancia, perros de protección, cercados adecuados, manejo de los rebaños, agrupación nocturna cuando resulte necesario, adaptación de las prácticas ganaderas a las características del territorio y, por supuesto, compensaciones cuando existan daños acreditados.
Pero si se presenta cualquier medida de prevención como una carga inaceptable y se plantea la eliminación del depredador como solución preferente, entonces el problema deja de ser únicamente la existencia del lobo. Se está defendiendo un modelo de ganadería que pretende que sea la fauna silvestre la que se adapte completamente a la actividad humana.
La política entra en escena
Y aquí volvemos al estudio italiano. Los investigadores encontraron que la negatividad mediática aumentaba en las proximidades de las elecciones. No dicen que los políticos ordenen a los medios publicar determinadas noticias. No dicen que todos los medios actúen igual. Pero sí encuentran una asociación entre el calendario electoral y la actitud mediática hacia el lobo.
En España, esta relación entre conflicto y política adquiere una dimensión especialmente evidente cuando determinados sectores ganaderos convierten la eliminación del lobo en una reivindicación política. Allí donde se reclama públicamente la reducción o muerte de ejemplares, los responsables políticos tienen dos opciones: explicar que la conservación del lobo exige compatibilizar su presencia con la actividad ganadera mediante prevención, compensación y una gestión basada en criterios científicos, o asumir como propia la demanda de eliminar animales. Y en un contexto electoral, la segunda opción puede resultar políticamente mucho más rentable. Conceder al sector ganadero la eliminación de lobos permite a determinados responsables políticos presentarse ante su electorado rural como quienes “defienden al campo” y “dan solución al problema”, aunque la medida tenga una eficacia discutible para resolver las causas reales de los conflictos. El resultado es una dinámica perversa: una parte del sector reclama que se maten lobos, los medios amplifican esa demanda y los políticos encuentran en ella una oportunidad para ganar votos o, al menos, para evitar perderlos. Así, una decisión que debería responder fundamentalmente a criterios científicos y de conservación puede terminar, y termina, condicionada por el cálculo electoral.
Conceder al sector ganadero la eliminación de lobos permite a determinados responsables políticos presentarse ante su electorado rural como quienes “defienden al campo” y “dan solución al problema”, aunque la medida tenga una eficacia discutible para resolver las causas reales de los conflictos
Lo especialmente inquietante es que el estudio español de Delibes-Mateos ofrece un antecedente que invita a seguir investigando. El autor señala que en 2011, coincidiendo con elecciones nacionales y regionales, aumentaron las informaciones sobre el carácter problemático del lobo en la zona estudiada y se produjo una presión política para modificar su protección al sur del Duero. No estamos, por tanto, ante una hipótesis puramente teórica. La relación entre medios, conflicto y política ya aparece documentada en el caso español.
De la alarma a la “extracción”
Y entonces aparece el último paso de esta cadena. Si durante años se construye la imagen de un lobo que mata ganado, amenaza a los ganaderos, impide la supervivencia de la ganadería extensiva y genera un conflicto permanente, la solución política parece evidente: hay que reducir su número.
Entonces aparece una palabra aparentemente neutra: “extracción”. Extraer. Una palabra limpia, administrativa, casi quirúrgica. Pero cuando hablamos de extracción letal, estamos hablando de matar lobos, y esa muerte necesita previamente una justificación social. Necesita que una parte importante de la sociedad considere que esos animales constituyen un problema, que los supuestos daños se perciban como una amenaza general, que las alternativas parezcan insuficientes y necesita, finalmente, que la eliminación aparezca como una medida razonable, inevitable o incluso necesaria. Ahí es donde la construcción mediática adquiere toda su importancia.
El caso de Asturias y Cantabria
Las decisiones adoptadas en Asturias y Cantabria constituyen ejemplos especialmente relevantes de esta transformación del discurso. Cuando una administración autoriza la matanza de lobos, la cuestión fundamental no debería limitarse a preguntar cuántos ejemplares pueden eliminarse. Deberíamos preguntarnos qué cadena de argumentos ha llevado hasta esa decisión:
¿Cuántos casos de supuesta depredación se han utilizado? ¿Cuántos fueron confirmados? ¿Cuántos pudieron tener otras causas? ¿Qué medidas preventivas se habían aplicado? ¿Qué eficacia demostraron? ¿Qué impacto económico real tienen los daños sobre el conjunto de la ganadería? ¿Y qué evidencia científica demuestra que matar lobos resolverá el problema?
Para estas administraciones son preguntas incómodas. Pero son precisamente las preguntas que deberían aparecer en los medios antes de aceptar como inevitable la “extracción”.
La prensa no solo cuenta la realidad: también la fabrica
Aquí llegamos al núcleo del problema. Un periodista puede informar correctamente de que se ha producido una denuncia por una supuesta depredación. Pero si posteriormente no informa de que el caso fue descartado, el lector conserva una imagen incompleta.
Un medio puede informar de que existen daños al ganado. Pero si nunca explica que la ganadería afronta problemas estructurales relacionados con el relevo generacional, los mercados, la competencia internacional o los cambios de consumo, está presentando una realidad parcial.
Un periódico puede recoger las declaraciones de una organización ganadera. Pero si no contrasta esas afirmaciones con investigadores, ecólogos, organizaciones conservacionistas o datos económicos, el resultado no es información equilibrada: es reproducción de un discurso.
Y un medio puede informar de que una administración va a “extraer” lobos. Pero si no explica que “extracción” significa matar animales, también está suavizando deliberadamente el significado de la decisión.
La selección de lo que se cuenta también es una forma de construir opinión.
¿La prensa informa o manipula?
Quizá esta sea la pregunta que deberíamos plantear abiertamente. No podemos afirmar que toda la prensa manipule. Sería tan absurdo como decir que todos los ganaderos quieren exterminar al lobo.
Pero sí podemos y debemos analizar qué discursos reciben mayor espacio, qué fuentes se utilizan, qué hechos se comprueban, cuáles se omiten y qué consecuencias políticas tiene ese tratamiento informativo. Porque una cosa es informar de un conflicto y otra muy distinta es construir durante años una imagen en la que el lobo aparece casi exclusivamente como amenaza. Cuando esa imagen se consolida, la opinión pública está mucho más preparada para aceptar que hay que “hacer algo”. Y cuando ese “algo” consiste en matar lobos, el círculo se cierra.
El problema no es solo el lobo
La gran paradoja es que mientras el debate público presenta al lobo como una amenaza para la supervivencia de la ganadería, los auténticos desafíos estructurales del sector permanecen en un segundo plano. Y volvemos a cuestionar los verdaderos problemas de la ganadería: ¿Quién habla del relevo generacional? ¿Quién habla de la rentabilidad de las explotaciones? ¿Quién habla de la competencia internacional? ¿Quién habla de los cambios en el consumo? ¿Quién habla de los costes de producción? ¿Quién habla de la dependencia de determinados mercados y materias primas? ¿Quién habla de la adaptación de la ganadería a un mundo rural que está cambiando?
La gran paradoja es que mientras el debate público presenta al lobo como una amenaza para la supervivencia de la ganadería, los auténticos desafíos estructurales del sector permanecen en un segundo plano
El lobo no ha provocado ninguno de esos problemas. Sin embargo, resulta extraordinariamente útil como explicación sencilla para una crisis que es mucho más compleja. Y ahí reside su valor político.
El problema no es que los ganaderos expresen sus reivindicaciones. Tienen todo el derecho a hacerlo y los problemas que afectan a sus explotaciones deben ser escuchados. El problema aparece cuando la reivindicación de matar lobos se convierte en la respuesta política preferente y, además, se presenta como si fuera la única forma de garantizar el futuro de la ganadería. En ese momento, el debate deja de centrarse en cómo hacer viable una actividad económica que afronta enormes dificultades estructurales y pasa a concentrarse en la eliminación de un depredador. El lobo se convierte así en una solución política extraordinariamente cómoda: es visible, genera emociones, permite ofrecer una respuesta inmediata y, sobre todo, no obliga a afrontar las verdaderas causas de la crisis del sector ganadero.
Un enemigo perfecto
El lobo es un enemigo perfecto porque concentra emociones, tiene una enorme carga simbólica y no puede defenderse ante los medios. Es suficientemente grande para ser presentado como una amenaza, suficientemente escaso para que su eliminación pueda presentarse como una medida de control y suficientemente desconocido para buena parte de la población como para que su imagen pueda construirse casi exclusivamente a partir de noticias.
El lobo puede convertirse así en el chivo expiatorio de problemas que no ha creado y del que no es responsable. Y cuanto más se repite el relato, más difícil resulta cuestionarlo.
La pregunta que deberíamos hacernos
El estudio italiano no demuestra que en España exista exactamente el mismo fenómeno. Y el estudio de Delibes-Mateos tampoco permite afirmar que todos los medios españoles actúen coordinadamente contra el lobo. Pero ambos trabajos nos ofrecen algo mucho más valioso: evidencias científicas para empezar a hacer preguntas incómodas.
Si sabemos que la cobertura mediática puede concentrarse de forma extraordinaria en el conflicto, si sabemos que el tono de las informaciones puede variar con el territorio y la fase de recolonización, si sabemos que en Italia existe una asociación entre negatividad mediática y proximidad electoral, si sabemos que en España ya se ha observado una relación entre cobertura del conflicto y presión política y, por último, si sabemos que la ganadería afronta problemas estructurales que van muchísimo más allá de la presencia del lobo.
Entonces quizá haya llegado el momento de dejar de preguntarnos únicamente “¿cuántos lobos tenemos?”.
Y empezar a preguntar: ¿Cuántas veces se ha convertido una supuesta depredación en una noticia? ¿Cuántas veces esa noticia ha sido posteriormente confirmada? ¿Cuántas veces se ha contado que el lobo simplemente estaba carroñeando? ¿Cuántas veces se ha hablado de prevención? ¿Cuántas veces se ha explicado que el futuro de la ganadería depende de factores económicos y sociales mucho más amplios?
Y, sobre todo:
¿La prensa está informando sobre el lobo o está ayudando a fabricar un enemigo al que después resulta políticamente sencillo matar?
Ese es, en nuestra opinión, el verdadero debate que podemos abrir con este artículo. No negar los problemas reales, sino denunciar la construcción interesada de un relato en el que el lobo acaba siendo responsable de todo y en el que su eliminación aparece como única respuesta posible.
Referencias
Ravaglia, D., Chapron, G. & Marucco, F. (2026). Media attitudes toward wolves reflect recolonization phases, livestock predation peaks, and electoral cycles. Ambio. El estudio analiza más de 4.000 noticias sobre el lobo en los Alpes italianos y encuentra asociaciones entre la actitud negativa de los medios, las fases recientes de recolonización, los picos estacionales de depredación sobre el ganado y la proximidad de elecciones. DOI: 10.1007/s13280-026-02408-9.
Consultar el estudio original en Ambio
Delibes-Mateos, M. (2020). Wolf Media Coverage in the Region of Castilla y León (Spain): Variations over Time and in Two Contrasting Socio-Ecological Settings. Animals, 10(4), 736. El trabajo analiza 902 informaciones publicadas entre 2006 y 2017 y encuentra que el 60 % estaban relacionadas con el conflicto entre lobo y ganadería. El autor analiza además cómo esa cobertura puede influir en las actitudes hacia la especie y dificultar la coexistencia. DOI: 10.3390/ani10040736.
Consultar el estudio sobre la cobertura mediática del lobo en Castilla y León
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) (2025). Censo nacional del lobo 2021-2024. El censo establece 333 grupos reproductores en España para el periodo 2021-2024, frente a 297 en el censo de 2012-2014, y señala una expansión especialmente hacia los límites oriental y meridional del área de distribución.
Consultar los resultados del Censo Nacional del Lobo 2021-2024
Ministerio de Economía, Comercio y Empresa (2026). Acuerdo UE-Mercosur. Información oficial sobre el acuerdo comercial y sus contingentes. Para la carne de vacuno, el acuerdo contempla un contingente de 99.000 toneladas anuales, equivalente al 1,6 % de la producción total europea, con un arancel dentro del contingente del 7,5 %.
Consultar la información oficial sobre el acuerdo UE-Mercosur
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) (2024). Diagnóstico de la juventud agraria. El documento analiza la situación demográfica, económica y profesional de la población joven del sector agrario y considera el relevo generacional uno de los principales retos para el futuro de la agricultura y la ganadería en España. Según los datos del Censo Agrario 2020 recogidos en el informe, el 41,3 % de los titulares de explotación tenía 65 años o más, mientras que solo el 8,9 % tenía menos de 41 años.
Consultar el Diagnóstico de la Juventud Agraria del MAPA
