El pasado sábado aparecieron dos lobos asesinados colgados de una señal en Ponga, acción constitutiva de delito ya que el lobo, le pese a quien le pese, esta protegido en España y no se puede cazar, no se puede hacer una «gestión» de sus poblaciones como lo hicieron las administraciones de noreste del estado hasta septiembre de 2021, eufemismo que no significa otra cosa que matar lobos legalmente para comprar el voto de la mafia agroganadera.
El 30 de mayo de 1995 el BOE publicaba la declaración de Parque Nacional de los Picos de Europa. y su conservación de interés general de la Nación, por lo que se integra en la Red Estatal de Parques Nacionales prevista en el artículo 22 de la Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres.
A punto de cumplirse el 30 aniversario de esta declaración se han asesinado lobos continuamente, de manera «controlada», hasta hace tres años y, como todos sabemos, de forma furtiva sin interrupción hasta nuestros días.
Cuando no habían pasado todavía 24 horas desde que conocíamos la trágica noticia, el medio «El Fielato y el Nora» publicaba un artículo en el que, de forma implícita, justifica lo sucedido el sábado y aporta un montón de datos que se han sacado de la manga para, sin ningún rubor ni rigor, afirmar que, según el Gobierno del Principado «la especie (el lobo ibérico) se encuentra en una situación favorable, no amenazada. En esta situación, el Gobierno del Principado es partidario de reanudar la aplicación del plan de gestión».
Da igual que una institución científica y los Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), quienes lideran un estudio internacional, hayan constatado que la población de lobo ibérico, pese a su aparente recuperación, ha perdido diversidad genética, lo que supone un riesgo para supervivencia.
No importa que la ciencia recalque la gran importancia que el lobo tiene en los ecosistemas, regulando las poblaciones de herbívoros al encontrarse en la cúspide de la cadena trófica, cumpliendo una gran labor ecosistémica al controlar las enfermedades epizoóticas que pueden trasmitirse al ganado, cuestión esta que los ganaderos no llegan a entender, aunque en la práctica sufran infinitamente más bajas por enfermedades como la lengua azul que por ataques de lobo.
Tampoco sirve para nada que los expertos hagan hincapié en que nunca va existir una sobrepoblación de lobos ya que los grandes carnívoros autorregulan sus poblaciones, que los grupos familiares o manadas ocupan un territorio y que nunca va a haber más lobos de los que pueden vivir en ese espacio.
Da igual lo que se les explique, con estudios científicos, datos objetivos, razones de peso, con subvenciones, indemnizaciones… Los lobbies ganadero y cinegético no lo quieren entender y prefieren seguir matando lobos, con la complicidad de la administración.
Seguimos defendiendo al lobo y pedimos el fin de su persecución, el reconocimiento legal que merece y su protección efectiva en todo el territorio del Estado y la correspondiente aprobación de planes de conservación y recuperación, para garantizar su supervivencia y el mantenimiento de todos los servicios que nos aporta.
Y no, no hay paraíso. Pero precisamente por lo contrario, Asturias y Picos de Europa en su conjunto, ni han sido ni serán un «Paraíso Natural» como reza el eslogan, ya que esa definición es incompatible con matar todos aquellos animales que les molestan, para así, convertir Picos en un gran, enorme, prado para alimentar al ganado de sus negocios particulares.
