Los productos derivados de la ganadería extensiva, como carnes de ovino y vacuno, y quesos emblemáticos como el Gamonéu, Idiazabal y Roncal, aunque tienen una distribución que abarca tanto áreas rurales como urbanas, es en las ciudades donde se concentra una mayor demanda y consumo de estos productos, debido a la densidad poblacional y al poder adquisitivo. Es algo evidente. Pero a los productores parece que les da igual y no paran de insultar a sus potenciales clientes. De hecho, resulta alarmante cómo este sector habla de sus principales clientes, algo que no ocurriría en ningún otro ámbito de la economía.
Por lo visto, a pesar de ser parte de este negocio, no lo entienden como una interdependencia significativa: mientras que los ganaderos proveen alimentos de alta calidad, los consumidores urbanos representan el mercado principal para estos productos.
Así empezábamos este escrito, observando con perplejidad cómo en redes sociales y en cartas dirigidas a los medios de comunicación, desde el sector primario siguen elevando el tono, especialmente en torno a la conservación del lobo ibérico, llegando al insulto en muchos casos. En este sentido, muchos ganaderos, incluidos sindicatos y representantes de sindicatos, han expresado críticas hacia los defensores urbanos del lobo, considerándolos ajenos a las realidades del campo.

Pero esto no es así. Muchos habitantes urbanos, conscientes de su papel como consumidores, abogan por prácticas ganaderas sostenibles que incluyan la coexistencia con especies protegidas. Ya no vale todo y se exige que el producto de origen se ajuste a unos mínimos medioambientales. Calidad del producto y del proceso de producción.
¿Os imagináis algún otro sector de la economía que menosprecie a sus clientes de la manera que lo hacen ellos?
Para no quedarse solos en esa forma de «captar clientes», sus «amigos» en el poder utilizan el mismo lenguaje. Así, el consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León, Juan Carlos Suárez-Quiñones, acusaba al Gobierno central de “urbanita” con la gestión del lobo, porque “gobierna en Moncloa, solo para Moncloa y para las grandes ciudades”. “Urbanita”, palabra que ganaderos, cazadores, algunos políticos utilizan con un desprecio que refleja, en el fondo, el desprecio que tienen a sus propios clientes, vecinos y administrados.
¿Acaso no son conscientes de que los «urbanitas«, es decir, todos nosotros y nosotras, seguimos siendo quienes costeamos y mantenemos a estos ineptos, el sector más subvencionado, protegido, mimado y defendido por la administración, incapaces de proteger su negocio?
Somos su mayor problema. Dicen. “Urbanitas” y “ecologetas”.
Sacrifican ganaderías enteras por enfermedades que se transmiten a través de ungulados salvajes, sufren bajas sin cesar por estos motivos, pero siguen sin entender que el desequilibrio genera más desequilibrio y que el control de esas enfermedades lo realizan los depredadores apicales.
Pero para ellos los únicos depredadores apicales son los cazadores, esos que, igual que los ganaderos, se dedican a insultar y menospreciar a «urbanitas» y «ecologetas«, que dirían ellos.
Y resulta que cuantos más jabalíes matan, más hay, y así seguimos en un bucle imposible de romper por el interés de los de siempre. Y así. volvemos a empezar, una y otra vez, sin optar por las soluciones reales.
Hace tiempo que está sobre la mesa la propuesta de realizar un boicot activo a los productos de todos aquellos ganaderos que no adecúen sus explotaciones a una gestión respetuosa con el medio ambiente.
Cada día los “urbanitas” y los «ecologetas» estamos más hartos del desprecio hacia la Naturaleza y hacia nosotros mismos. Cada día está mas cerca el día en que sus queso, sus corderos y su leche se la van a tener que comer ellos.
Solo hay un camino para encauzar esta situación: La colaboración entre productores rurales y consumidores urbanos puede conducir a prácticas que beneficien a ambas partes, promoviendo la sostenibilidad y la conservación de la biodiversidad.

1 comentario
Lo del boicot a los productos de esta gente es algo tan coherente que muchos llevamos años practicándolo en solitario con marcas (Central Lechera Asturiana) o denominaciones de origen (queso Cabrales), declarados odiadores del lobo. Y esperamos poder sumar este movimiento en un efectivo esfuerzo colectivo. Sin embargo, como en otras acciones propuestas por la defensa del lobo, no sé qué pasa, pero no conseguimos esa unión y cohesión necesaria, que tanto envidiamos del colectivo agroescopetero.