El valle de Karrantza, en Bizkaia, es el símbolo más elocuente de esta realidad: el epicentro de un modelo rural basado en el exterminio encubierto, las subvenciones sin control y la demonización de cualquier forma de vida que no sirva al negocio ganadero.
Karrantza: 49 ataques, millones en ayudas públicas
En Karrantza se han denunciado 49 ataques de lobo a lo largo del año 2024. También se han registrado incidentes en Trucios-Turtzioz, Orduña, Orozko, Areatza y Lanestosa.
El ganado afectado: ovejas, cabras, vacas, caballos y potros.
Pero no estamos ante una “plaga” ni una situación crítica. Lo que existe es un discurso cuidadosamente construido para justificar subvenciones millonarias, sostener privilegios rurales y evitar cualquier intento de convivencia.
Para entender todo esto, nada mejor que ver las cifras:
AYUDAS DE LA PAC AL SECTOR AGROGANADERO EN EL EJERCICIO 2024 EN EL VALLE DE KARRANTZA Y MUNICIPIOS ALEDAÑOS SUPUESTAMENTE AFECTADOS POR ATAQUES DE LOBO |
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| Municipio | Habitantes | Importe |
| Valle de Karrantza | 2.784 | 3.827.801,58 euros |
| Trucios-Turtzioz | 515 | 230.199,21 euros |
| Orduña | 4.203 | 715.722,00 euros |
| Orozko | 2.666 | 650.701,59 euros |
| Areatza | 1.287 | 38.334,58 euros |
| Lanestosa | 246 | 84.183,83 euros |
Total: 5.546.942,79 € de dinero público solo en estos municipios para la agricultura y la ganadería.
Y aún así, se exige la desaparición del lobo.
¿Dónde están las condiciones ambientales que esas ayudas deberían garantizar? ¿Dónde los planes de prevención, los cercados eléctricos, los mastines? ¿Por qué se siguen cobrando sin cumplir compromisos básicos?
Este es el juego: el lobo se convierte en chivo expiatorio para mantener un flujo constante de fondos públicos sin asumir responsabilidad ambiental.
Además, a estas ayudas directas de la PAC hay que sumar las subvenciones de las diputaciones, del Gobierno Vasco, y las indemnizaciones por daños supuestamente causados por el lobo.
Euskadi: sumidero ecológico del lobo
Lo más grave no es solo la persecución actual. Es que Euskadi se ha convertido en un sumidero ecológico para el lobo.
No hay grupos reproductores ya que no se permite su asentamiento con una política de hechos consumados lo que impide que puedan conectar con otras poblaciones viables hacia el este.
Las zonas de paso no son corredores ecológicos: son trampas.
Cada lobo que cruza desde Castilla y León o Cantabria tiene dos destinos que en realidad son uno: la muerte o la desaparición. Aquí no hay posibilidad de formar manadas, ni de establecerse.
Euskadi es una frontera letal para una especie clave en el equilibrio de los ecosistemas.
Y todo esto ocurre con la complicidad de las instituciones, en un silencio cómodo para los de siempre: sindicatos agrofascistas que lloran mientras cobran millones, y una clase política que prefiere no incomodar.
Caza furtiva: el exterminio que no se cuenta
El grueso de la persecución al lobo ni siquiera figura en estadísticas oficiales.
Se lleva a cabo de manera furtiva:
Envenenamientos encubiertos, trampas ilegales, disparos sin registro, hostigamiento sistemático… No podemos olvidar, por ejemplo, el lobo avistado en Larrum, detectado por una cámara de fototrampeo de cazadores, seguramente ilegal; ya nadie ha oído hablar de él.
Son actos consentidos por la omisión y la inacción. El exterminio es un secreto a voces, apenas disimulado, pero rara vez investigado.
Así, el lobo desaparece sin dejar rastro, sin cifra oficial, en una Euskadi donde su mera existencia se considera intolerable.
Idiazabal: sabor con rastro de sangre
El queso Idiazabal es uno de los emblemas gastronómicos de Euskadi.
Pero lo que no se dice es que su producción —basada en leche de oveja latxa— requiere un entorno libre de lobos.
Donde hay Idiazabal, no hay lobos.
Y no es casualidad: es política territorial de exterminio.
La historia del Idiazabal es también la historia de la erradicación sistemática del lobo en Gipuzkoa, Navarra, Álava y Bizkaia.
Se presenta como producto artesanal y sostenible, pero se elabora sobre un ecosistema vaciado de depredadores naturales.
Comer Idiazabal es respaldar un modelo que excluye la biodiversidad, aunque nadie lo diga en voz alta.
¿Qué campo queremos?
La clase política vasca, sea del color que sea, ha elegido no confrontar al poder de los sindicatos ganaderos.
Prefiere comprar la “paz rural” con fondos europeos y silencios ecológicos, antes que afrontar una convivencia real con la naturaleza.
¿Queremos un campo que viva con la biodiversidad o contra ella?
¿Vamos a seguir subvencionando un modelo que exige la muerte del lobo para mantener sus privilegios?
¿Seguiremos ignorando que el coste lo pagamos todos, pero los beneficios se reparten entre unos pocos?
Reflexión final: biodiversidad o barbarie
Euskadi no es territorio hostil para el lobo por accidente.
Lo es porque se ha decidido que lo sea.
Aquí no hay sitio para el lobo no porque no pueda vivir, sino porque no le dejan.
Una minoría subvencionada y sobrerrepresentada ha decretado que solo hay lugar para el humano, su ganado y sus negocios.
Y todo, con dinero público.
No lo olvides
La próxima vez que escuches que “el lobo mata en Karrantza” o que “hay que controlar su población”, recuerda:
Esa oveja muerta, ya la has pagado tú.
Ese ganadero, ya ha cobrado subvenciones e indemnización.
Ese lobo, ya ha desaparecido, sin voz ni defensa.
Y ese queso Idiazabal, lleva el rastro de una extinción premeditada.
Biodiversidad o barbarie. Elige tu lado.

1 comentario
Si buscas demagogia en el diccionario te sale este artículo, ridículo. Por cierto para elaborar queso idiazabal es necesaria la leche de la oveja latxa y también de la carranzana (por si lo quieres corregir).