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LOBO IBÉRICOLOBO IBÉRICO

Por qué matar lobos no es la mejor forma de proteger a las ovejas

La ciencia ha demostrado que la caza del lobo no es una herramienta eficaz para reducir ataques al ganado y, de hecho, puede empeorar el problema. La clave para la coexistencia pasa por estrategias.
Investigación 3 de febrero de 2025

Numerosos estudios científicos sobre la ecología y el comportamiento del lobo, como el llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de León(1) publicado en la revista científica Global Ecology and Conservation, han demostrado que la caza del lobo no reduce los ataques al ganado, sino que, en muchas ocasiones, los aumenta. No logran los objetivos de conservación necesarios ni contribuyen a solucionar los conflictos de coexistencia. Esto se debe a varios factores clave relacionados con la estructura social de la especie y su dinámica territorial.

Las decisiones sobre la gestión de las poblaciones de lobos, en particular las que apelan al control letal de la especie, no están respaldadas por datos científicos sólidos, lo que da lugar a prácticas que no logran los objetivos de conservación necesarios ni contribuyen a solucionar los conflictos de coexistencia. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de León publicado en la revista científica Global Ecology and Conservation.


¿Por qué la caza del lobo no disminuye los ataques al ganado?

Disrupción de la estructura social de la manada

Los lobos viven en grupos familiares organizados donde los individuos adultos experimentados enseñan a los más jóvenes a cazar presas silvestres.

Cuando la caza humana elimina lobos clave (como la pareja alfa), la manada se desestructura, y los lobos jóvenes e inexpertos pueden recurrir al ganado, que es una presa más fácil que los ungulados salvajes.

Efecto «vacío ecológico» y recolonización desordenada

La caza descontrolada de lobos genera «vacíos territoriales», es decir, zonas donde se elimina un grupo de lobos.

Esos territorios son rápidamente ocupados por otros lobos jóvenes dispersantes que, al no tener una manada estructurada, pueden generar más conflictos con la ganadería.

Cambio en los patrones de caza

Estudios han demostrado que los lobos que viven en manadas estables cazan preferentemente presas silvestres como ciervos, corzos y jabalíes.

Cuando se desestructura la manada por la caza, los lobos pueden cambiar sus patrones de caza y atacar más ganado.

Mayor reproducción y dispersión

La caza intensiva genera un efecto compensatorio: las poblaciones de lobos pueden responder con una mayor tasa de reproducción, aumentando en lugar de disminuir.

Lobos jóvenes sin experiencia pueden dispersarse en busca de alimento y entrar en conflicto con la ganadería.


Evidencia científica y casos reales

  • España: Estudios realizados en comunidades como Castilla y León han demostrado que la caza del lobo en el pasado no redujo los ataques al ganado de manera efectiva.
  • Francia y EE.UU.: En parques nacionales donde se han protegido a los lobos, como en Yellowstone (EE.UU.), se ha visto una reducción de conflictos al permitir que las poblaciones se regulen de manera natural.
  • Estudio en Finlandia: Un estudio de 2021 publicado en la revista Biological Conservation concluyó que el control letal del lobo no disminuye los conflictos ganaderos, sino que puede agravarlos.

Respecto a recurrir a la matanza de lobos para intentar evitar los conflictos con el ganado, también existen pruebas que demuestran su carácter contraproducente. Un estudio encargado por la propia Comisión Europea en 2023 confirmó que eliminar lobos no reduce la depredación sobre el ganado. Pero antes de profundizar en ello, lo primero que cabe aclarar es que, como sí ha quedado científicamente demostrado la mayor parte de los daños atribuidos al lobo corresponden en realidad al ataque de los llamados perros asilvestrados o cimarrones, cuyo número no deja de ir en aumento debido al abandono animal, una de las mayores lacras de nuestra sociedad.

Un estudio realizado en el País Vasco por los investigadores Jorge Echegaray y Carles Vilà mostró unos resultados difíciles de rebatir. Analizando heces de lobo encontraron que solo el 26 % de los restos hallados pertenecían a animales domésticos, la mayoría de caballo y vaca; animales que no se suelen reportar como víctimas del lobo, y que cuadran con el consumo de carroña. El ganado ovino apenas aparecía como presa en un 3 %. La fauna salvaje representaba el 73 % de la dieta, lo que confirma la hipótesis de que el lobo prefiere a estos animales salvajes.

Por otro lado, se estudiaron heces de perros ferales, perros domésticos abandonados que se han asilvestrado, o sus descendientes. A diferencia de los lobos, los perros no tienen problema para acercarse al ser humano, y ven mucho más fácil cazar animales de granja que silvestres. Hasta un 71 % de las presas identificadas en las heces de perros ferales eran de ganado, de las cuales, la mitad era de oveja.

Datos similares arrojaba el  estudio llevado a cabo durante varios años en la sierra de Guadarrama (Barja et al., 2023), mediante seguimiento de ejemplares marcados, muestra que la mayoría de las presas son de origen salvaje (80%) con preferencia sobre corzo y jabalí. En el resto, domina el aprovechamiento de carroña de animales domésticos abandonados.


Alternativas a la caza para reducir los conflictos

Por eso, en un nuevo tiempo en el que la conservación de la biodiversidad ha adquirido un mayor rango social, estamos obligados a buscar alternativas para la convivencia que encajen en la razón y se basen en el conocimiento científico.

En lugar de cazar lobos, la ciencia recomienda estrategias de prevención y coexistencia más efectivas, como:
✅ Uso de mastines y perros de guarda especializados.
✅ Vallados eléctricos en zonas vulnerables.
✅ Sistemas de compensación rápida para ganaderos afectados.
✅ Fomento de la ganadería extensiva con manejo adecuado para reducir el riesgo de ataques.

Matar lobos no es la solución

La ciencia ha demostrado que la caza del lobo no es una herramienta eficaz para reducir ataques al ganado y, de hecho, puede empeorar el problema. La clave para la coexistencia pasa por estrategias preventivas bien diseñadas, que permitan conservar la especie sin perjudicar la ganadería.

Las medidas compensatorias para ayudar a los ganaderos por los ataques de lobo deben ser ágiles y justas y los gobiernos no pueden jugar con este asunto de manera intencionada, atrasando pagos como hemos podido oír en boca de responsables políticos como Quiñones, quién reconocía que la Junta ha vuelto a retrasarse en el pago de las compensaciones del lobo, situación que no es casual ya que tiene una intencionalidad clara: crear mayor malestar entre los ganaderos. Estamos de acuerdo en que, una vez tomadas todas la medidas de protección posible y si se produce algún ataque, el ganadero no puede ni debe costear con su sacrificio la protección de la fauna salvaje.

Para ello el año pasado el gobierno destinó, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, más de veinte millones de euros a través de las comunidades autónomas para promover la convivencia con el lobo ibérico en el medio rural.


(1)La gestión de los grandes carnívoros en conflicto: ¿ciencia o prejuicio?, el artículo está firmado por Andrés Ordiz y Daniela Canestrari, ambos adscritos al Departamento de Biodiversidad y Gestión Animal de la Universidad de León, y Jorge Echegaray, investigador independiente especializado en el seguimiento y estudio de la especie. A lo largo del texto se recalca que en el caso del lobo, las actitudes culturales y las opiniones públicas suelen eclipsar la realidad y conducir a decisiones políticas y de gestión que carecen de la necesaria base científica.

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