La ganadería extensiva desempeña funciones importantes en determinadas zonas rurales: aprovecha pastos que difícilmente tendrían otro uso, mantiene determinados paisajes, contribuye a la actividad económica de áreas rurales y forma parte de sistemas tradicionales como la trashumancia o la dehesa.
Pero de ahí a afirmar que España no podría alimentar a su población sin ganadería extensiva hay un salto que los datos de consumo no permiten sostener.
¿Qué carne comemos realmente?
Los datos oficiales del Ministerio de Agricultura permiten hacerse una primera idea. Durante 2024, los hogares españoles consumieron 1.952,4 millones de kilos de carne y productos cárnicos, equivalentes a 41,6 kilos por persona. De ellos, 1.417,7 millones correspondieron a carne fresca. Y aquí aparece un dato especialmente significativo. De los 30,2 kilos de carne fresca consumidos por persona en los hogares españoles:
12,5 kg fueron pollo, 9,3 kg fueron cerdo, 3,9 kg fueron vacuno, 0,8 kg fueron ovino/caprino y 0,5 kg fueron conejo.
Es decir, solamente pollo y cerdo representan alrededor de 21,8 kilos por persona, frente a poco más de 5 kilos correspondientes conjuntamente a vacuno, ovino/caprino y conejo. Y esto es importante porque no podemos identificar automáticamente carne de vacuno, ovino o caprino con ganadería extensiva, ni pollo o porcino con un determinado sistema productivo. La realidad es un gradiente de extensividad, no dos compartimentos absolutamente separados.
El propio estudio encargado por el Ministerio de Agricultura para caracterizar la ganadería extensiva señala precisamente que no existía una caracterización oficial de la ganadería extensiva y que era necesario establecer una metodología para diferenciar grados de extensividad. Por tanto, quien afirme que «el X % de toda la carne española es extensiva» debería explicar primero qué definición utiliza y cómo ha calculado ese porcentaje.
Por tanto, quien afirme que «el X % de toda la carne española es extensiva» debería explicar primero qué definición utiliza y cómo ha calculado ese porcentaje
Pollo y cerdo suman más de 1.024 millones de kilos, frente a apenas 61,3 millones de kilos de ovino/caprino y conejo. El vacuno añade 182,8 millones. Esto no significa que todo el pollo y todo el porcino sean necesariamente intensivos, ni que todo el vacuno, ovino o caprino sea extensivo. Sería incorrecto hacer esa simplificación. Precisamente por eso el gráfico utiliza únicamente los datos de consumo del MAPA y no atribuye un sistema productivo a cada especie.
El dato que sí podemos afirmar es que la dieta cárnica española está dominada por pollo y cerdo, mientras que las carnes que más fácilmente asociamos al modelo pastoril representan una fracción mucho menor del volumen consumido.

IMPORTANTE:
Que la ganadería extensiva sea importante para el territorio rural no significa que sea la que proporciona la mayor parte de la carne que consumimos
El pollo y el cerdo desmontan buena parte del argumento
Hay una cuestión que suele desaparecer de determinados discursos sobre ganadería extensiva: la carne que más consumimos no procede mayoritariamente de los sistemas pastorales que normalmente asociamos con la extensividad.
El pollo es, con diferencia, la carne fresca más consumida en España. En 2024 los hogares adquirieron 587,7 millones de kilos de pollo, frente a 436,5 millones de kilos de cerdo y 182,8 millones de kilos de vacuno. El ovino/caprino apenas alcanzó los 35,6 millones de kilos. Por tanto, cuando se afirma que la sociedad española necesita necesariamente la ganadería extensiva para poder comer carne, la pregunta inmediata debería ser:
¿Qué parte de la carne que realmente consume la población procede de esos sistemas?
No basta con contabilizar cabezas de ganado, superficie ocupada o número de explotaciones extensivas. Una explotación extensiva puede ocupar cientos o miles de hectáreas y producir relativamente poca carne, mientras una explotación intensiva puede producir grandes cantidades en una superficie mucho menor.
Número de explotaciones, número de animales, superficie ocupada y toneladas de carne producidas son magnitudes diferentes. Confundirlas conduce inevitablemente a conclusiones erróneas.
El vacuno tampoco es sinónimo de extensivo
El vacuno es otro buen ejemplo de por qué no se puede identificar automáticamente carne extensiva con carne de vacuno. En España existe una importante cabaña de vacas nodrizas, frecuentemente vinculada a sistemas extensivos o semiextensivos. Pero los terneros pueden pasar posteriormente a cebaderos especializados para completar su engorde.
Los datos del MAPA muestran la importancia de esta fase: en enero de 2022 había 17.469 cebaderos de bovino registrados, con 1.408.862 animales en ellos. Durante 2021 entraron en estos cebaderos más de 1,46 millones de bovinos procedentes de explotaciones de producción y reproducción.
Durante 2021 entraron en estos cebaderos más de 1,46 millones de bovinos procedentes de explotaciones de producción y reproducción
Por tanto, tampoco en el vacuno podemos convertir el número de vacas nodrizas en un porcentaje de «carne extensiva». Una cosa es dónde nace el ternero y otra dónde y cómo se produce toda la carne hasta su sacrificio. Y hay un dato especialmente revelador: España produjo en 2023 697.832 toneladas de carne de vacuno, procedentes de unos 2,45 millones de animales sacrificados.
El MAPA no ofrece, sin embargo, un porcentaje nacional que permita decir qué parte de esas toneladas fue producida íntegramente en extensivo y qué parte en sistemas estabulados o de cebo. Por eso, cuando se afirma que la carne de vacuno es esencialmente extensiva, o que la desaparición de la ganadería extensiva pondría en peligro el suministro de carne a los españoles, falta una pieza fundamental: cuantificar qué parte de la carne procede realmente de ese sistema.
La propia Administración reconoce que no es tan sencillo
El estudio sobre ganadería extensiva encargado por el entonces Ministerio de Agricultura explica que la extensividad debe entenderse como una magnitud continua y multidimensional. No se trata simplemente de decidir si un animal «está en el campo» o «está en una nave». El grado de extensividad depende de factores como el aprovechamiento de recursos naturales, el pastoreo, la dependencia de insumos externos, la alimentación y el grado de autosuficiencia de la explotación.
Esto tiene una consecuencia fundamental: no existe una frontera limpia entre extensivo e intensivo. Hay explotaciones claramente extensivas, otras claramente intensivas y muchas situaciones intermedias. Por eso resulta todavía más cuestionable utilizar frases absolutas como «sin extensivo no comemos».
Extensivo no significa autosuficiente
Existe además otra confusión frecuente. Que un animal paste en el monte o en un prado no significa necesariamente que toda su alimentación proceda del territorio que ocupa. Muchas explotaciones extensivas necesitan suplementación, forrajes, piensos, medicamentos, infraestructuras, transporte, maquinaria y otros insumos. El propio concepto de extensividad utilizado en los trabajos del Ministerio contempla precisamente el grado de dependencia de insumos externos y no simplemente la presencia del ganado en el exterior.
El propio concepto de extensividad utilizado en los trabajos del Ministerio contempla precisamente el grado de dependencia de insumos externos y no simplemente la presencia del ganado en el exterior
Y esto es importante cuando se presenta la ganadería extensiva como un sistema completamente independiente del resto de la agricultura y de la cadena alimentaria ya que, en la práctica, no lo es.
Una cosa es defender la ganadería extensiva y otra convertirla en imprescindible para alimentar a España
Aquí está probablemente el núcleo del debate. Podemos defender la ganadería extensiva porque mantiene determinados paisajes, aprovecha recursos pastorales, contribuye a la actividad económica rural, mantiene razas y sistemas productivos tradicionales y puede desempeñar funciones ambientales en determinados territorios. Todo eso puede ser perfectamente defendible.
Pero ninguna de esas afirmaciones demuestra que la ganadería extensiva sea imprescindible para proporcionar la carne que consume la población española. Son dos cuestiones diferentes. Una actividad puede ser social, cultural, económica o ambientalmente valiosa sin ser responsable de la mayor parte de la producción alimentaria.
Y aquí aparece el lobo
La utilización de este argumento adquiere especial relevancia cuando se habla del lobo. Con frecuencia se presenta al lobo como una amenaza directa para un modelo ganadero del que dependería nuestra alimentación. Pero si la mayor parte de la carne consumida en España procede de cadenas productivas que no son estrictamente extensivas, no resulta razonable convertir la protección del ganado extensivo en sinónimo de protección de la alimentación de toda la sociedad.
Con frecuencia se presenta al lobo como una amenaza directa para un modelo ganadero del que dependería nuestra alimentación
El problema de los daños al ganado extensivo es real y debe ser abordado allí donde se producen. También deben existir mecanismos eficaces de prevención, compensación y protección de las explotaciones afectadas. Pero una cosa es reconocer ese problema y otra muy distinta utilizarlo para construir una relación causal simplista: lobo → desaparición de la ganadería extensiva → desaparición de la carne → imposibilidad de alimentar a la población.
Los datos disponibles no permiten establecer semejante cadena.
El verdadero debate debería ser otro
Si queremos defender la ganadería extensiva, hagámoslo con argumentos sólidos. Preguntemos cuánto aporta realmente a la producción de carne, cuánto territorio gestiona, qué servicios ambientales proporciona, qué empleo mantiene, qué costes soporta y qué problemas específicos tiene, cuánto dinero público recibe y qué medidas necesita para ser viable. Y, sobre todo, qué porcentaje de la producción alimentaria queremos que proceda de ella.
Ese es un debate legítimo. Lo que no resulta riguroso es convertir una modalidad ganadera importante —pero productivamente minoritaria en buena parte del mercado cárnico— en una supuesta condición indispensable para que los españoles podamos comer.
Los datos antes que los mantras
España no consume principalmente carne de oveja, cabra o vacuno criado exclusivamente mediante pastoreo. Consume enormes cantidades de pollo y cerdo, además de vacuno y otras carnes procedentes de sistemas productivos diversos. Como apuntábamos ante, en 2024, los hogares españoles consumieron 587,7 millones de kilos de pollo y 436,5 millones de kilos de cerdo, mientras el consumo de ovino/caprino fue de apenas 35,6 millones de kilos.
Eso no significa que la ganadería extensiva sea prescindible. Significa algo mucho más sencillo: su importancia no debe confundirse con su peso real en el suministro total de carne. Y si se pretende utilizar la ganadería extensiva como argumento para justificar determinadas políticas sobre el lobo, lo mínimo exigible es que esas políticas se apoyen en datos reales sobre la producción ganadera, los daños efectivamente producidos y la situación económica de las explotaciones afectadas, no en frases repetidas hasta convertirse en dogmas.
La ganadería extensiva puede ser importante sin ser imprescindible para que España coma.
Y esa diferencia debería formar parte de cualquier debate serio sobre el futuro del lobo y de la ganadería.
Referencias
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — La alimentación mes a mes. TAM diciembre 2024
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — Informe del Consumo Alimentario en España 2024
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — Definición y caracterización de la ganadería extensiva en España
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — Estudio sobre el sector vacuno de carne español: engorde de terneros. Datos SITRAN 2021
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — El sector de la carne de vacuno en cifras. Principales indicadores económicos. Datos 2023
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — Anuario de Estadística 2023. Efectivos y producciones ganaderas
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) — Información del sector vacuno de carne
Las fuentes anteriores permiten documentar los datos utilizados en el artículo, pero no existe una estadística oficial del MAPA que permita afirmar que un determinado porcentaje de toda la carne consumida en España procede de ganadería extensiva y otro porcentaje de ganadería intensiva.
Por esta razón, el artículo no presenta como dato oficial ningún reparto porcentual que no pueda ser respaldado directamente por una estadística de producción.
Asimismo, los datos de vacuno no permiten convertir directamente el número de vacas nodrizas en toneladas de «carne extensiva», puesto que el proceso productivo puede incluir diferentes fases y sistemas, entre ellos los cebaderos.
