El lobo ibérico atraviesa un momento crítico. El último informe oficial, elaborado con los propios datos aportados por las comunidades autónomas, evidencia que la especie sigue sin alcanzar un estado de conservación favorable. España ha declarado la existencia de 333 manadas, lejos de las 500 que los expertos consideran necesarias para garantizar la viabilidad genética y el futuro de la especie.
El crecimiento real es mínimo: apenas un 0,6 % anual en las manadas exclusivas de cada comunidad autónoma. Las pocas que aumentan lo hacen en las zonas de frontera, en los márgenes donde el lobo trata de abrirse paso y es recibido a tiros. Como dato significativo, Castilla y León, una de las regiones con mayor presencia histórica de lobo, ha perdido 3 manadas respecto al censo anterior.
Y, sin embargo, el sistema no actúa con la responsabilidad que la situación exige. Las mismas administraciones que han aportado los datos que reflejan el grave problema son las que ahora intentan frenar el proceso de protección, armando un escándalo político para ganar tiempo mientras el lobo sigue pagando el precio en el campo. Se agarran a interpretaciones de leyes como la del Desperdicio Alimentario para tratar de justificar lo injustificable: que se mantenga un modelo que entrega el territorio a los intereses de unos pocos, sacrificando la biodiversidad y la justicia ambiental.
Este es el doble juego perverso: por un lado inflan las cifras presentando manadas compartidas como símbolo de éxito; por otro, ni siquiera así logran demostrar que el estado de conservación del lobo sea realmente favorable. El lobo no es el problema. El problema es un sistema político y económico que lo mata para blindar los privilegios de unos pocos.
Ahora, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) tiene la obligación de cumplir la ley: enviar el informe sexenal a Europa, declarar el estado desfavorable del lobo y garantizar su protección. No hay excusas. Lo exige la ciencia. Lo exige el compromiso europeo de conservación de la biodiversidad. Y lo exige la decencia.
Es el momento de actuar. Necesitamos que la voz de quienes defendemos al lobo llegue al MITECO. No podemos permitir que solo presionen las voces que quieren su exterminio.
Descárgate aquí la carta modelo que hemos preparado y envíala al MITECO solicitando que se cumpla la ley y se proteja al lobo ibérico.
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