Cerrar menú
  • Inicio
    • Quiénes somos
  • Información
    • Taxonomía
    • Biología
    • El lobo en la península ibérica
    • Estatus legal
  • Noticias
  • Opinión
  • Divulgación
    • Documentales





Telegram Facebook Instagram Bluesky
LOBO IBÉRICOLOBO IBÉRICO
Telegram Facebook Instagram Bluesky
  • Inicio
    • Quiénes somos
  • Información
    • Taxonomía (Canis lupus signatus)
    • Biología
    • El lobo en la península ibérica
    • Estatus legal
  • Noticias
  • Opinión
  • Divulgación
    • Documentales
LIBROS Contacto
LOBO IBÉRICOLOBO IBÉRICO

La guerra del lobo: los intereses políticos frente a la Naturaleza

Aunque a más de uno hablar en estos términos le parezca extraño, incluso excesivo, alrededor del lobo se está librando una auténtica guerra: un enfrentamiento cada vez más polarizado, más violento dialécticamente y, en ocasiones, incluso en el terreno físico. Pero no debemos perder la perspectiva. “La guerra del lobo” es un símbolo, es la lucha que representa hoy en día la batalla en favor de la Biodiversidad y del Planeta. Es algo que va más allá de la defensa del Canis lupus.
Iniciativa Popular por el Lobo 1 de octubre de 2025

El llamado “mundo rural”, un sector que vive y trabaja en el campo pero que, en gran medida, sobrevive gracias a las subvenciones, se ha erigido en autoproclamado defensor de la “tradición”, del “futuro de los pueblos” y de los “métodos tradicionales de vida”. Sin embargo, este relato se sostiene más en la confrontación ideológica que en la realidad social o económica. En ocasiones llegan incluso a presentarse como los máximos defensores de la Naturaleza, ignorando o tergiversando el impacto que la sobreexplotación, la intensificación agraria y la presión cinegética tienen sobre el entorno. De hecho, en la práctica, su actividad se dirige en sentido contrario. El Medioambiente les importa poco y todo aquello que interfiera en su actividad económica privada les molesta. Y si es posible, lo eliminan.

En el otro lado de este enfrentamiento se encuentran quienes apuestan por un mundo rural vivo, sí, pero que respete al entorno y sea capaz de compatibilizar los usos tradicionales con la conservación de un patrimonio natural cada vez más degradado. Aquí, la ciencia y la evidencia ecológica sostienen los argumentos. Y lo curioso es que no se trata solo de “ecologetas de sofá”, de “urbanitas» o receptores de «paguitas”, calificativos y argumentos que despectivamente utiliza el agrofascismo, sino también de muchas personas del propio mundo rural: trabajadores del campo, ganaderos que conviven de manera sostenible con la fauna salvaje y habitantes de pueblos que entienden que sin biodiversidad no hay futuro (como lo explicábamos esta misma página en el artículo El urbanita o el desprecio del campo a sus clientes).

El campo subvencionado y el mito de la autosuficiencia

La agricultura y la ganadería arrastran problemas estructurales desde hace décadas, razón por la cual están fuertemente subvencionadas. Ya lo contábamos en el artículo La ciudad alimenta al campo. Una mirada crítica a la realidad rural: el campo subsiste gracias a lo que aportan las ciudades y los contribuyentes, mientras que los agricultores y ganaderos son, en términos netos, los que menos aportan y más reciben.

El declive rural comenzó hace décadas. La emigración a las ciudades vació pueblos, la falta de rentabilidad y de relevo generacional hundió la agricultura tradicional, y la ganadería intensiva, junto a la concentración de tierras en pocas manos, arrasó con modelos sostenibles. A ello se suman factores globales como los acuerdos comerciales de Mercosur, la proliferación de macrogranjas o las importaciones baratas que hunden los precios locales.

El lobo como chivo expiatorio

En este contexto, había que buscar culpables. Y el elegido ha sido, como siempre, el lobo. Se le ha demonizado como enemigo de la ganadería extensiva, aunque las evidencias científicas señalan lo contrario. De hecho, como recogía el artículo Por qué matar lobos no es la mejor forma de proteger a las ovejas, los estudios demuestran que matar al signatus no disminuye los daños al ganado, sino que en muchos casos los incrementa al desestructurar las manadas.

Existe mucha literatura científica al respecto que demuestra estas afirmaciones. Y también está demostrado científicamente que nunca habrá sobrepoblación de lobos ya que como predadores apicales se autorregulan sus poblaciones. Cuando la política y los intereses particulares se anteponen a la ciencia, nada bueno podemos esperar.

El alarmismo mediático: otro frente de la campaña contra el lobo y el oso

Paralelamente a lo político y lo legislativo, está el poderoso recurso del alarmismo mediático local en regiones como Asturias, Cantabria, Castilla y León o Galicia. En estos territorios, ciertos medios de comunicación reproducen con frecuencia historias exageradas sobre lobos acercándose a pueblos, “sitios peligrosos” o incluso supuestos ataques a personas, aunque no existan pruebas que lo avalen.

Esta táctica sirve para polarizar a la población y generar rechazo hacia los grandes carnívoros, construyendo un clima de miedo que justifica luego medidas de gestión letal. Como publicábamos en el artículo “El lobo no ataca a las personas aunque sigan intentando criminalizarlo”, muchas de esas afirmaciones son falsas o tergiversadas, pero funcionan como instrumento para cambiar la percepción pública y facilitar la desprotección legal de la especie.

Una batalla desequilibrada

La guerra es profundamente desigual. El agrofascismo, aliado con el lobby cinegético, controla gran parte de los medios de comunicación y cuenta con el respaldo de partidos de derecha y ultraderecha. El voto rural tiene un peso considerable, y el precio que se paga es alto.

A ello se suma una legión de “influencers” que, aunque en muchos casos apenas sepan expresarse, acumulan miles de seguidores y moldean la opinión pública a base de bulos, simplificaciones y mensajes incendiarios. En esto las RRSS están teniendo un papel decisivo, con páginas de grupos rurales, organizaciones agroganaderas, cazadores o particulares inundando la red de mentiras, en publicaciones que luego son comentadas por cientos de seguidores haciendo afirmaciones que en muchos casos pueden ser delictivas, alentando el furtivismo e incluso la agresión a personas que se posicionan contrarias a sus intereses.

Mientras tanto, quienes defendemos la biodiversidad, el futuro y especies clave amenazadas como el lobo —y pronto también el oso y otros grandes carnívoros— permanecemos divididos. Existen decenas de organizaciones con sus propias campañas e iniciativas, muchas de ellas casi invisibles en esta pelea crucial.

Desde la Iniciativa Popular por el Lobo hemos intentado unificar, movilizar y crear dinámicas colectivas en defensa de la especie. Pero lo decimos con honestidad: no lo hemos logrado. Somos conscientes de que sólo desde la unidad se va a poder hacer frente al ataque permanente, pero no hemos sabido cómo hacerlo.

ASCEL ha sido un faro y una esperanza, aunque su estrategia se ha centrado sobre todo en la vía judicial. La batalla ideológica, la de los relatos y las narrativas, la estamos perdiendo. La ciencia y la verdad han pesado poco frente a los bulos y la manipulación organizada de un ejército de plumas y atriles dedicados a defender intereses particulares frente al bien común.

Siempre hemos tenido claro que la lucha ideológica, esto es, convencer a la mayoría social de la necesidad de proteger al lobo (a la biodiversidad en general) era una línea de trabajo paralela a la lucha en los tribunales, siendo conscientes de que en el terreno de la judicatura y conociendo el carácter, en general, conservador de ese ámbito, no se podían depositar todas las esperanzas. Lo decimos claro: la ley la pueden cambiar o manipular a su antojo, como hemos podido comprobar. Para muestra, la situación en la que nos encontramos actualmente. ¿Y si cambia el Gobierno?

Estratagemas políticas contra el lobo

La ofensiva política también ha jugado su papel. La derecha y la ultraderecha, de la mano del agrofascismo (sin olvidar a partidos de corte «progresista» que gobiernan en algunas «comunidades loberas»), llegaron incluso a usar una argucia parlamentaria: sacar al lobo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) introduciendo enmiendas a la Ley de desperdicio alimentario. Un movimiento que nada tenía que ver con el objeto de la norma, pero que demostraba hasta qué punto están dispuestos a manipular el marco legislativo para dejar vía libre a la persecución del lobo.

Hoy mismo La Rioja da un paso más y comienza la caza «deportiva» del lobo

La Rioja ha dado un paso sin precedentes al incluir al lobo ibérico como especie cinegética en su orden de vedas. ¿Qué significa? Que el lobo puede ser cazado legalmente en esta comunidad, a pesar de seguir protegido a nivel estatal. La normativa permite que los cazadores se lleven la cabeza del animal como trofeo, pagando 1.298 €.

La Rioja se convierte en la primera comunidad en degradar legalmente al lobo de especie protegida a especie cinegética. Sin justificación científica, no se alegan daños al ganado ni estudios de gestión; una decisión que no responde a criterios técnicos ni de conservación, sino a intereses políticos y presiones de los mismos grupos de siempre. Esta decisión será recordada como un paso atrás vergonzoso en la historia de la conservación en España y abre la puerta a la normalización de la caza de lobos en otras comunidades, suponiendo un retroceso histórico comparable a la antigua Ley de alimañas de 1953. El lobo no es un trofeo. Es patrimonio natural, de todos, y clave para el equilibrio ecológico.

El cambio en la percepción social del ecologismo

Hace apenas unas décadas, la defensa del medioambiente, el ecologismo y la protección de la naturaleza eran percibidos como valores positivos, asociados al progreso social, a la justicia intergeneracional y a la garantía de un futuro digno. Hoy, sin embargo, asistimos a un proceso de criminalización del ecologismo, impulsado por sectores económicos y políticos que ven en la conservación de la biodiversidad una amenaza a sus intereses inmediatos.

La sociedad, atrapada en dinámicas de consumo rápido y discursos simplistas, ya no ve como una prioridad inaplazable la defensa del medio natural, cuando en realidad es la condición indispensable para la supervivencia de la humanidad. Defender al lobo, al oso, a los bosques o a los ríos no es un capricho de minorías sensibilizadas: es garantizar los ecosistemas que nos proporcionan agua, aire limpio, fertilidad del suelo y estabilidad climática. Sin ese soporte, ninguna sociedad, rural ni urbana, podrá subsistir.

Esta deriva —que convierte a los ecologistas en “enemigos del progreso” o en “obstáculos para el desarrollo”— es uno de los mayores triunfos de la maquinaria de desinformación del agrofascismo y sus aliados. Y, a la vez, es uno de los mayores peligros a los que nos enfrentamos como especie.

Un futuro incierto

Llegados a este punto, algunos nos cuestionamos diariamente hacia donde nos lleva la atomización del trabajo en favor del lobo, de la biodiversidad. Aunque se genere contenido de calidad, su repercusión es escasa. Decenas de organizaciones y grupos trabajando de manera inconexa, sin una línea unitaria. Seamos realistas: hoy por hoy no tenemos capacidad para contrarrestar la ofensiva del agrofascismo. Ellos cuentan con los medios de desinformación (LNE, La Voz de Galicia, La Voz de Asturias. La Opinión de Zamora, La Gaceta de Salamanca…), una gran fuerza en RRSS y el apoyo incondicional e indisimulado de buena parte del espectro político del Estado.

Sin unidad y trabajo en común, la guerra está perdida. Y lo peor es que la unidad, a día de hoy, parece imposible.

Pero conviene recordarlo: la guerra del lobo continúa y seguiremos en el frente.

COMPARTIR Telegram Facebook Twitter WhatsApp Bluesky Copiar enlace
Artículo anteriorUna investigación a escala global revela que el 86 por ciento de los lobos que muere en Europa se debe a causas humanas
Siguiente artículo «Vivir con lobos», documental de Jean-Michel Bertrand

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Asturias contra natura

13 de julio de 2026

Cuando el propio sector reconoce que el lobo no es el problema

5 de julio de 2026

El TSXG eleva al TC una cuestión de inconstitucionalidad por la desprotección de lobo

16 de junio de 2026
Anadir comentario

Los comentarios están cerrados.

También te puede interesar

Asturias contra natura
Cuando el propio sector reconoce que el lobo no es el problema
El TSXG eleva al TC una cuestión de inconstitucionalidad por la desprotección de lobo
“Algunas comunidades consideran favorable el estado del lobo en contra de toda la evidencia científica”

Iniciativa Popular por el LOBO es una agrupación de ciudadanas y ciudadanos que trabajamos en defensa del medio ambiente y, sobre todo, en defensa del lobo.

No cobramos ningún tipo de subvención o ayuda y todos los gastos derivados de nuestra actividad son costeados con la aportación de sus miembros, lo que nos proporciona absoluta libertad para actuar sin presiones ni compromisos.

LOBO IBÉRICO
Telegram Facebook Instagram Bluesky
  • Aviso legal
  • Política de cookies
© 2026 Sitio web de la Iniciativa Popular por el LOBO.

Escribe arriba y pulsa Enter para buscar. Pulsa Esc para cancelar.

Usamos cookies para asegurar que te damos la mejor experiencia en nuestra web. Si continúas usando este sitio, asumiremos que estás de acuerdo con ello.